Violencia de Género: Una cuestión social.

Hablamos con la Licenciada en Psicología Casandra Morell, profesional del Servicio de Salud Mental, acerca de Violencia de Género, para analizar desde su perspectiva esta situación. 

  • En primera instancia, definamos “Violencia de Género”, Licenciada. 

La violencia de género es cualquier tipo de violencia, ya sea verbal, simbólica, emocional, económica, física, que se ejerce hacia una persona o grupo que tiene como principal motivación o motor la dimensión del “género”. Cuando hablamos de género tenemos que entender qué significa, es una palabra bastante compleja, ya que el género no tiene que ver solamente con los atributos físicos, de lo que es un hombre o una mujer en femenino o masculino, sino que tiene que ver con una construcción social, que se va haciendo a lo largo de la vida y una autopercepción que tiene una persona acerca de si mismo, de lo que se considera. En este sentido debemos salir un poco del pensamiento dicotómico “Varón-Mujer” como categorías de género y pensar en términos más amplios. No tenemos que pensar en categorías binarias de género.

La Violencia de Género, volviendo al tema que nos convoca, tiene como característica que se da dentro de un vínculo o una relación. Es decir, si uno va caminando por la calle y se tropieza con una persona y ésta lo insulta, no necesariamente eso va a constituir “violencia de género” como tal. En la violencia de género existe una relación que se establece entre quien la sufre y el agresor, sumado a que el principal motor es el género en sí de esa persona. Afecta de manera mayoritaria a las mujeres, sin ánimos de dar a entender que los varones no la sufren, sino solo que como tendencia es más proclive parece ser o se presentan más casos en los que las mujeres lo han padecido. Lo cual tiene que ver también con que en los últimos años se ha visibilizado aún más esta situación, cosas que antes estaban más naturalizadas. 

  • ¿A qué se atribuye, hoy día, desde su perspectiva profesional? ¿Qué factores intervienen, según su análisis para esta mayor visibilización?

Creo que en primer lugar está la situación de invisibilización durante mucho tiempo, naturalización de situaciones domésticas, reservadas en ese ámbito que hoy por hoy comienzan a ser problematizadas y a escucharse otras voces. También asistimos a un momento histórico, donde la ola feminista en nuestro país y a nivel internacional ayuda a que el tema violencia circule y se escuchen las voces de mujeres y niñas y plantee la problematización para su debate. Si me parece que está más exacerbado, más agudizada la violencia por el índice de femicidios con los que nos encontramos a diario y resulta imposible abordar esta temática sin tener en cuenta el contexto social, político y económico, el contexto neoliberalista que establece ciertas relaciones también entre las personas (hombres, mujeres y otros géneros) y termina agudizando la violencia en todos los espacios, público y privado. 

Por otra parte, creo que la violencia se encuentra agudizada porque las mujeres realizan acciones que tienen que ver con las conquistas de ciertos derechos, que obviamente genera una reacción como respuesta de parte del patriarcado, intentando poner el “orden”. Me parece que tiene que ver con una nueva forma de existir y de vivir que plantean las mujeres lo que lleva a que la respuesta sea cierta violencia para “restaurar el orden”. 

  • En Formosa, particularmente ¿cómo vive Ud la presencia de los casos? Institucionalmente, ¿existe el espacio para evaluar y hacer el debido seguimiento de estos casos?

La respuesta por parte de los organismos institucionales y gubernamentales, de seguridad y de justicia, por momentos se encuentra insuficiente, existen si muchos dispositivos muy presentes y novedosos, aún no resulta suficiente para el combate de la situación que viven miles de personas. La violencia de género no es una problemática individual, sino social y resulta del análisis generalmente que el violento es un sujeto patológico, y esto no es necesariamente así. Creo que el desafío es pensar por qué hay tantos varones con esta “enfermedad” una enfermedad que me parece es más social que individual. Tiene que ver con las formas de crianza y las asunciones de ciertas características que “tiene que tener” un varón, de ser muy macho, manejar a la mujer, ocultar sus sentimientos… es decir, estamos creando y reproduciendo formas por medio de las pautas culturales y sociales de varones que van a tener la tendencia a ser violentos, porque pareciera existir una especie de fusión entre lo que es un varón, la masculinidad y la agresividad. 

Personalmente trabajo con mujeres violentadas, no se si se animan más a hablar, a veces pasan cosas que las obligan a hablar, a poder tomar la posta y hacer una denuncia, con todo lo difícil que es hacerla. Hay mujeres que lo hacen y por ello se ponen en una situación de mayor vulnerabilidad, porque asistimos a un momento en el que aún la fuerza policial y quienes recaban la denuncia no tienen las herramientas necesarias para contener y sostener a la persona que está en ese lugar. Pensemos que la violencia no son episodios aislados, es algo que se va dando en el tiempo y agudizando, dejando secuelas en la personalidad de la persona afectada. Hablo de afectada y no de “víctima” para hacer referencia a que la persona afectada no se encuentra en una posición de pasividad completa. Si bien hay un deterioro progresivo por el padecimiento de las situaciones de violencia en todas sus expresiones, en la mente, en el cuerpo, en la personalidad.. estas mujeres con las que he trabajado he comprobado que tienen una fortaleza impresionante y han podido establecer, algunas más que otras, ciertos recorridos que son hasta heroicos, porque doy fe de que muchas veces los organismos que debieran resguardarlas no pueden dar la respuesta inmediata con la urgencia que lo requieren. 

Si bien la violencia de género afecta a toda la población y a todo el espectro de clases sociales, mayoritariamente las personas más humildes son las que menos herramientas tienen para defenderse. Las mujeres que no tienen recursos económicos tienen mayores dificultades para poder salir de este círculo de las violencias.

El abanico es terriblemente amplio, hay que problematizarlo mucho, deconstruirlo, reflexionar más socialmente sobre esto.  El mensaje es que desde la actividad de los profesionales intentamos estar a la altura de las circunstancias y de manera personal intentando acompañar todo el recorrido tan complejo para salir. Espero que socialmente podamos pensar nuevas formas de crianza de nuestros hijos para no seguir reproduciendo el patriarcado cultural, nuevas formas que puedan habilitar nuevos modos de relación entre las personas. Por ahí puede venir la respuesta.