La gripe se propaga con mayor facilidad durante el invierno por una combinación de condiciones ambientales y conductuales: el descenso de la temperatura aumenta la permanencia en interiores, acorta los recambios de aire y facilita la transmisión por gotas y aerosoles en ámbitos con ventilación insuficiente. Además, la baja humedad propia de la temporada fría favorece la persistencia de partículas virales en el ambiente y debilita las barreras de protección de las vías respiratorias.
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El Ministerio de Salud de la Argentina difundió recomendaciones para reducir el riesgo de infecciones respiratorias durante los meses fríos, con énfasis en la ventilación cruzada de ambientes, la consulta oportuna ante síntomas y el uso de la red de atención y orientación sanitaria.
En el mismo sentido, el organismo remarcó que las enfermedades respiratorias concentran una parte relevante de las consultas en invierno y que las medidas preventivas deben sostenerse de forma constante, incluso en hogares y espacios de trabajo.
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En paralelo, la vigilancia epidemiológica nacional detectó un aumento estacional de la circulación de virus respiratorios. En una de sus actualizaciones más recientes, el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN), el Ministerio de Salud de la Nación informó que la circulación continuó en aumento y que ese incremento fue atribuido “casi exclusivamente” a influenza A(H3N2), también conocida como “supergripe”.
Por qué el invierno favorece los contagios
Un hombre joven con barba ligera, recostado en un sofá gris con una manta, sostiene un termómetro. Hay un vaso de agua y una caja de pañuelos en una mesa.
El Ministerio de Salud de la Nación recomendó ventilación cruzada, consulta oportuna ante síntomas y medidas sostenidas de prevención respiratoria – (Imagen Ilustrativa Infobae)
El invierno modificó rutinas y, con temperaturas bajas, las personas permanecen más tiempo en ambientes cerrados como hogares, escuelas, oficinas y transporte, donde el contacto cercano y la acumulación de aire exhalado elevan la probabilidad de transmisión.
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La ventilación, además, tiende a reducirse cuando se cierran puertas y ventanas para conservar el calor. Ese descenso del recambio de aire incrementa la concentración de partículas respiratorias en espacios interiores, sobre todo cuando hay alta densidad de personas, reuniones prolongadas o circulación insuficiente.
A este escenario se sumó el impacto del aire seco típico de la temporada fría. La baja humedad puede favorecer que partículas respiratorias permanezcan más tiempo en suspensión y, al mismo tiempo, afectar la función de defensa de las mucosas nasales y de las vías respiratorias, lo que puede aumentar la vulnerabilidad a infecciones.
Estrategias de escudo: prevención y diferenciación de síntomas
Una mano dispensando alcohol en gel en otra mano, y una enfermera con mascarilla aplicando una vacuna en el brazo de un paciente.
El Boletín Epidemiológico Nacional de la semana epidemiológica 20 informó que la circulación de virus respiratorios siguió en aumento por influenza A(H3N2) – Imagen Ilustrativa Infobae
Para cortar la cadena de transmisión en los meses más fríos, las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Ministerio de Salud de la Nación enfatizan que no basta con abrir una ventana, sino que es clave sumar hábitos de higiene de alta eficacia.
El lavado frecuente de manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos, o el uso de alcohol en gel, se mantiene como la primera línea de defensa tras tocar superficies comunes. Asimismo, los manuales de prevención de estos organismos destacan la importancia de desinfectar periódicamente objetos de uso diario —como teléfonos celulares y picaportes— para reducir drásticamente el riesgo de contagio por contacto directo.
Por otro lado, aprender a identificar las señales del cuerpo es fundamental para actuar a tiempo. Según los criterios clínicos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la influenza A(H3N2) se caracteriza por un inicio abrupto de fiebre muy alta, dolores musculares intensos y un agotamiento total.
Además, a diferencia de la agresividad de la cepa A, la gripe B tiende a manifestarse de forma más gradual. Al respecto, los consensos de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) advierten que, especialmente en niños, esta variante suele venir acompañada de síntomas gastrointestinales como náuseas, vómitos o diarrea.
En contraste, los reportes oficiales diferencian estos cuadros del resfrío común y del virus sincicial respiratorio (VSR) —este último de gran impacto en lactantes—, los cuales generalmente se presentan con congestión nasal severa, estornudos y dolor de garganta, rara vez acompañados de la postración física que provoca la influenza.
El Ministerio de Salud recuerda que, ante la aparición de los primeros síntomas, la automedicación debe evitarse por completo para no enmascarar cuadros graves. La conducta responsable implica el aislamiento preventivo inmediato y la consulta médica oportuna. Asimismo, las autoridades sanitarias remarcan que mantener el esquema de vacunación antigripal y de Covid-19 al día, sobre todo en grupos de riesgo, embarazadas y adultos mayores, se consolida como la herramienta más potente para evitar internaciones y complicaciones graves durante el invierno.

