Cuando se pudo jugar y no chapotear. Cuando fútbol se pareció a ese deporte de once contra once con una pelota rodando, Boca supo cómo capitalizar su mejor virtud: el gol. No se trata de una característica del once titular que anoche descansó ni del alternativo que presentó apellidos de peso. Los de Gustavo Alfaro aprovechan su poderío ofensivo incluso cuando hay que ir esquivando charcos o piernas rivales. Así se sacó de encima a Godoy Cruz. Dos golpes y a la lona (o al colchón de agua que fue por momentos El césped de Brandsen 805) para avanzar en la Copa Superliga, a la espera de Vélez o Lanús.
Si en algún momento hubo riesgo, más allá de ese descuento de Prieto (Godoy Cruz también apeló a una formación alternativa), lo esfumaron las atajadas de Esteban Andrada. El arquero, figura en la semana para sumar la estrella 68, estuvo rápido de piernas y de reflejos.
Claro, para que no perdieran ritmo, Alfaro metió un ratito a los titulares. Y Zárate dibujó otro golazo (el tanto 12 en el año) como para que esa gente que se empapó durante dos horas se fuera con una doble sonrisa. El triunfo y la certeza de que a este plantel de Alfaro, suplente o titular, le sobra lo más importante del fútbol: goles.



