El voto británico radicaliza el enfrentamiento sobre el Brexit, mientras en el norte de Europa triunfa una “ola verde” impulsada por el movimiento de Greta Thunberg y continúan las negociaciones entre Madrid, París, Berlín y Bruselas para establecer una mayoría dentro y fuera del Parlamento europeo.
La bandera del Brexit vuelve a flamear en Estrasburgo. Así lo demuestra el voto británico, o por lo menos del 36,7% que se presentó a las elecciones europeas: un hecho que muestra sus divisiones internas también trasladadas a nivel continental.
Y se avizora una eventual radicalización posterior del enfrentamiento sobre la salida de la Unión Europea, estancada en Westminster, a pesar de los tres años transcurridos del exitoso referéndum de 2016, favorable a que el Reino Unido abandonara el bloque.
El resultado de las elecciones europeas lo confirma, con el triunfo del Brexit Party creado por Nigel Farage -como espacio que reúne a los desilusionados de la consulta popular no respetada-, que obtuvo el 32% de los votos y se adjudicó 29 escaños. Y hasta puede convertirse en el primer partido de la futura asamblea europea.
Los platos rotos los pagan los conservadores, quienes obtuvieron un mínimo histórico del 9% (perdieron 15 escaños y se quedaron con 4), y el laborismo de Jeremy Corbyn, en apariencia castigado por haber intentado mantener un equilibrio entre los electores a favor y en contra del Brexit, lo que le valió al partido un modesto 14% y 10 escaños.
En tanto, la “ola verde” atraviesa Europa. Desde Alemania, pasando por Francia, España y los países escandinavos los comicios europeos premiaron a los ecologistas que llevan a Estrasburgo una verdadera “patrulla” de diputados: pasan de los 50 escaños obtenidos en 2014 a 69 y se transforman en el cuarto grupo del Parlamento europeo.
Este “boom” es sin duda consecuencia del “efecto Greta Thunberg”, la apasionada activista sueca que inspiró a miles de adolescentes y generó las grandes movilizaciones de jóvenes estudiantes en todo el continente, con las ya famosas huelgas globales para acompañar la lucha contra el cambio climático.
El día después del voto, pasada la euforia y los festejos, llegó la hora de reflexionar sobre el futuro. Así lo aclaró la co-presidenta de los Verdes europeos, Monica Frassoni.
“Queremos jugar un rol pero no a toda costa”, dijo, en referencia a las futuras alianzas en la eurocámara que podrían devenir en un arco iris que incluya a progresistas, liberales y populares.
“Nosotros estamos en el juego, lo dijimos hace tiempo y entendemos que tenemos un rol de partido de gobierno. Pero no somos simbólicos y pensamos que esta victoria y estos resultados son extremadamente positivos y nos otorgan una responsabilidad”, precisó.
Frassoni redimensionó, además, el “efecto Greta Thunberg”, al señalar que el resultado del voto, especialmente en Alemania, Francia, Suecia, Finlandia y Bélgica fue exitoso porque en esos países había “partidos fuertes, creíbles y dispuestos” a gestionarlo.
En su opinión, las movilizaciones tuvieron un impacto “extremadamente positivo” y Greta “fue muy determinada” en saber llevar adelante esta batalla, especialmente a nivel mediático.
Lo cierto es que en base a los datos parciales, los Verdes obtienen el mayor número de eurodiputados de Alemania, Francia, Reino Unido, Bélgica, Holanda y España.
En tanto, el eje conformado por Madrid, París, Berlín y Bruselas está concentrado en una negociación frenética para establecer una mayoría dentro y fuera del nuevo Parlamento europeo, uniendo las fuerzas del frente progresista a las del Partido Popular Europeo.
El objetivo sobre el que trabajan -en un escenario paradojal que ve al Brexit Party en el primer puesto por la cantidad de parlamentarios (29), a la par de la CDU-CSU alemana- es iniciar un proceso reformista de la Unión Europea partiendo de la elección de quienes deberán liderar las instituciones europeas en los próximos años, comenzando por la Comisión.



