La dieta keto. La paleo. La de la luna. La sin harinas. La disociada. El ayuno intermitente. La oferta de planes para adelgazar parece ser infinita, y sin embargo, cada vez más gente en el mundo tiene sobrepeso y obesidad.
Para más, ante la llegada de los meses de calor, cuando llega el momento de aligerar la vestimenta, es común que las personas comiencen a registrar que ganaron peso en el invierno y quieran ocuparse del tema.
“Las dietas mágicas, extremadamente bajas en calorías, excluyentes de hidratos de carbono, que suprimen las harinas, etc. alteran totalmente el vínculo con la comida -tan necesario y tan importante, y dejan a un lado cuál es el sentido real de comer”. Así comenzó a analizar el fenómeno ante la consulta de Infobae la médica especialista en Nutrición y Diabetes Marianela Aguirre Ackermann (MN 151867), para quien, “además, la restricción excesiva es el telón de fondo de los trastornos alimentarios, cada vez más frecuentes”.
Para ella, lo que se debe buscar es “poner foco en que las personas re-aprendan a comer. Claro está que los excesos pueden ser perjudiciales y hasta causar enfermedades, por eso la clave está en cambiar la actitud, buscar el equilibrio y promover hábitos saludables”.
La licenciada en Nutrición Laura Romano (MN 5992) es autora del libro Las dietas tienen un final, los buenos hábitos duran para siempre, y en línea con lo que pregona cada vez que tiene la oportunidad, dijo a este medio que “las dietas generan obsesión y perpetúan la obesidad”.
“Vivimos rodeados de dietas y promesas mágicas para adelgazar que aseguran ser ‘la verdadera solución’ -señaló-. Pero en verdad se trata de extremismos marketineros que nos aseguran bajar muchos kilos en tiempo récord. Dietas que nos dejan con un sentimiento de culpa y frustración cuando las abandonamos. Porque una dieta estricta, que te prohíbe comer las cosas que te gustan, que te alejan de la rutina y de tu vida social son imposibles de sostener en el tiempo”.
En ese sentido, Romano sostuvo que “en general las dietas tienen un principio y un final, y así sí funcionan. Las dietas funcionan para tratamientos agudos, cosas que empiezan y terminan, pero no sirven para tratar la obesidad, que es algo crónico. Sólo con un real cambio de hábitos se logra perder peso y sostenerlo en el tiempo”.
En opinión de la licenciada en Nutrición María Cecilia Ponce (MN 3362), “el sobrepeso y la obesidad son consecuencia de un desequilibrio bioquímico, hormonal, de neurotransmisores, lo cual no solamente puede ser resuelto con la restricción calórica de los alimentos”. “Poder tener un peso corporal acorde y una composición corporal armoniosa, que se traduzca en una estética que a la persona le agrade, trae aparejado mucho trabajo y una conciencia de ser disciplinado respecto a ciertos hábitos que traerán como consecuencia ese equilibrio bioquímico, hormonal, neurológico para poder restablecer el peso corporal”, sostuvo la especialista en nutrigenómica y medicina Ayurveda.
“Cualquier dieta va a lograr un descenso rápido de peso. Si nos sacan alimentos, nos restringen la mitad de los que nos gustan o tenemos la costumbre de comer, vamos a bajar de peso -comenzó a explicar Romano sobre este punto-. Pero las dietas generan un descenso rápido de peso que luego no se mantiene”.
Para ella, “la dieta tapa el problema mientras la dieta está, pero cuando se la deja, la situación vuelve tal cual como estaba, y esto se debe a que la persona no aprendió nada, y por eso no lo puede sostener en el tiempo”. “Algunos pequeños cambios pueden incorporarse, como dejar el azúcar por el edulcorante, o tomar gaseosa light en lugar de común, pero eso no modifica la cuestión de fondo”, insistió la nutricionista.
“Lo que en general suelen hacer las personas que recurren a dietas shock o urgentes para llegar a una fiesta o a las vacaciones en condiciones físicas que sean de su agrado es restringir calorías en la dieta cotidiana, lo que va a traer aparejado más que nada una pérdida de líquido y reducción de edema, que seguramente se vea reflejado en unos kilos menos”, señaló a su turno Ponce, para quien “lo que estos planes no ayudan es a la pero no en la pérdida de grasa, que es lo que realmente cambia la composición corporal, la estética del cuerpo y por sobre todas las cosas la salud”.
Sobre esto, Aguirre Ackermann sumó: “Toda vez que la restricción calórica es muy intensa, el organismo pone en marcha mecanismos adaptativos para mantener el equilibrio y funciona en ‘modo ahorro’. Por eso el descenso de peso es cada vez más difícil”.
Y tras explicar que “el genotipo ahorrador humano dirige a las personas a comer todo lo que dispone para cuando no se disponga de alimento”, la experta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) resaltó: “Ese rasgo adaptativo favorable de nuestra especie es hoy un actor fundamental de la epidemia de sobrepeso. Estamos diseñados para resistir la escasez, y cada vez más las investigaciones confirman que las dietas muy restrictivas generan estrés e incrementan los niveles de cortisol”.
“Una revisión demostró que las dietas extremas, muy hipocalóricas, heterodoxas, desbalanceadas, son el mejor predictor de ganancia de peso -ahondó-. Y esto es porque la privación total no funciona porque para que nuestro cuerpo y mente funcionen bien necesitamos todos los días nutrientes, energía, y también una dosis de placer”.
Sobre esto último, Aguirre Ackermann amplió: “Nuestro cerebro (aun cuando necesitamos bajar de peso) necesita todos los grupos de nutrientes. Así logramos tener serotonina, buen humor, y también mejor saciedad. Y además, no existe liberación sin restricción previa. Está visto que después de dietas extremas tendemos a tener más picoteos, atracones, comer con la sensación de no poder parar, para luego dar lugar a la culpa y la frustración. Todo esto es la respuesta normal (hormonal y psicológica) de nuestro cuerpo a la restricción de las dietas”.


