En las afueras del estadio Giuseppe Meazza los hinchas del Atlético de Madrid cuentan su dolor callando o lo ahogan en un puñado de cervezas de las últimas que quedan en los food trucks frente al estadio. El ruido de fondo es un tormento: los simpatrizantes del archirrival del vecindario y de la historia, Real Madrid, están festejando a los gritos -jactanciosos, vestidos de blanco- La Undécima. No hay cruces entre ellos y las cargadas suceden a lo lejos. En un rato, entre aplausos, saldrá el micro del plantel de Zinedine Zidane y el resto de los victoriosos por las calles de Milan. La escena pertenece a la última final de la Champions League. Allí, al costado de la celebración de unos y del desencanto de otros, un cartel con fondo azul, letras blancas y el logo de la UEFA hace una invitación para lo que viene: “See you in Cardiff”. Nos vemos en Cardiff, el escenario de la final de la presente edición -la número 62- que este martes comenzará a ofrecer los octavos de final.
No es una novedad pero sí un síntoma: será la temporada que más dinero reparta en cuanto a premios. La UEFA desembolsará 1.425 millones de dólares entre los participantes. Así, batirá el récord de la campaña anterior, esa de la final en la que Madrid se mudó a Milán.
Antes del inicio cabía la posibilidad de que el campeón ganando todos sus partidos acumulara 63,7 millones de dólares. Atlético Nacional, destacado campeón de la última Libertadores se quedó con 7,3 millones de dólares. Abismales diferencias económicas que luego se corroboran en el campo de juego del Mundial de Clubes de la FIFA: los equipos europeos ganaron nueve de las últimas diez ediciones de la máxima competición.
La Champions League ya no brinda lugar para los asombros. El último campeón relativamente fuera de la lógica fue el Porto de José Mourinho, hace 13 años. Desde entonces, la competición fue territorio de ricos y poderosos. Hay pocas caras nuevas. En esta ocasión, por ejemplo, están 7 de los 8 que participaron de los cuartos de final de la temporada pasada. El único ausente de aquellos es el Wolfsburgo, que se le animó al Real Madrid pero se quedó afuera en el Bernabéu.
Leicester -el increíble campeón de la pasada Premier League que ahora pelea por no descender- asoma como la revelación. “Queremos sorprender a todos de nuevo”, se animó a decir el goleador Jamie Vardy, retrato del bravo equipo de Claudio Ranieri. No será una tarea sencilla. La Champions de los millones hace rato que no cree en milagros.



