Taller de Fotografía contemplativa este jueves

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La fotografía contemplativa es una disciplina que une la práctica creativa y el trabajo espiritual. Puede practicarla cualquier persona que tenga interés a causa de su búsqueda personal, fruto de sus inquietudes artísticas o meditativas. Una de sus ventajas es su facilidad técnica gracias a la fotografía digital ya que no se necesitan conocimientos técnicos para obtener buenos resultados. Se pueden beneficiar tanto las personas noveles como las expertas.

Es posible meditar a través de la lente de una cámara fotográfica, y hacerlo nos regala la posibilidad de captar la realidad como si nunca antes la hubiéramos visto.

Se basa en las enseñanzas de Chögyam Trungpa Rinpoche, maestro tibetano que en vida se dedicó a reinterpretar el budismo a través del arte y del aprendizaje del Shambhala —reino legendario del Tíbet y otros pueblos asiáticos del cual provenían todos los conocimientos y la cultura sobre los cuales estaban fundadas sus civilizaciones.

Para Chögyam Trungpa Rinpoche, la fotografía contemplativa era, esencialmente, la posibilidad de dejar de ver para aprender a observar, de buscar una manera de sincronizar la vista con la mente y encontrar la belleza en su forma más pura, sin ideas preconcebidas respecto a cómo deben ser las cosas.

Aprender a contemplar el mundo

La fotografía contemplativa invita a la sincronización —en una sola experiencia y gesto expresivo— de los ojos y la mente. Su objetivo es hacer que, al redirigir nuestra mirada a nuestras emociones, adquiramos el hábito de purificar nuestra percepción-comprensión y plasmarla en una imagen; regalándonos así la oportunidad de apreciar la vida con la misma delicadeza y atención con la que observamos una pieza de arte y nos maravillamos por la poética del pintor.

Así, el miksang es el arte de sintetizar lo que ven los ojos, lo que aquello que ven nos hace sentir y lo que, de hecho, está ahí. Esta capacidad es una buena forma de trascender nuestros límites creativos y es capaz de quitarnos un cierto tipo de ceguera que no sabíamos que teníamos, una que condiciona de forma inadvertida nuestra forma de ver y, por lo tanto, de ser. Además, como toda forma de meditación, esta práctica es capaz de reducir el estrés y la ansiedad, y sentar las bases para una mente más atenta y sosegada.

Para realizar este tipo de meditación se necesita mucho más que una cámara. Primero, es necesario elegir algo que nos genera un sentimiento de admiración o belleza: una forma, un color, un tipo de luz o una textura (no importa su tamaño); después, hay que observarlo, de manera sutil y minuciosa, hasta que la mente y la mirada se hagan uno —hasta que el objeto se desnude de su explicación objetiva y se convierta en una expresión última de la belleza. Una vez que se alcanza este estado, la percepción se vuelve la guía y una fotografía es el resultado.

Se concretó la primera charla. El día jueves concretamos la charla sobre Fotografía Contemplativa, en la Asociación Italiana y se llevará a cabo una segunda charla el dia 8 de febrero a las 21hs en el mismo lugar con la idea de salir adar un paseo el dia sábado si el tiempo acompaña.