En un partidazo en Munich, el Atlético de Simeone se metió en la final de la Champions

El Bayern se impuso 2-1, pero el equipo español se clasificó por el gol de visitante. Mañana se define el rival entre Real Madrid y Manchester City.

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Simeone lo ha hecho de nuevo. Con sus armas, con sus enojos, sus cábalas, sus mañas y con sus incuestionables méritos. Con un equipo hecho a su imagen y semejanza. Con una actitud que no renuncia juegue donde juegue. Con la convicción de que no es menos que nadie, pese a la diferencia de jerarquía de los planteles. Lo ha hecho de nuevo, Simeone. Está en la final de la Liga de Campeones con su Atlético de Madrid. Perdió 2-1 en Alemania contra el Bayern Munich en un partido espectacular, que el equipo de Pep Guardiola dominó de principio a fin y mereció triunfar por más diferencia. Pero ganó el Cholo. Con todo lo que su personaje representa. Para bien y para mal. Estos 90 minutos en los que consiguió el pasaje a la final (espera por el ganador de Real Madrid-Manchester City) son el mejor recorte de lo que el DT genera. Y el final, otra vez, lo muestra como ganador.

Choque de estilos. Choque de ideas y de formas de llegar al mismo objetivo. Dos posturas antagónicas que se vieron potenciadas tras el 1-0 que consiguió el Atlético de Madrid del Cholo Simeone en el choque de ida. En Alemania, se dio el trámite que todo el mundo del fútbol imaginaba.

Con el Bayern lanzado y el Aleti agazapado. Con Griezmann sumado a la línea de mediocampistas visitantes y la pelota en dominio absoluto del local.

Desde la tenencia, empezó a construir su red de ataque el equipo de Pep Guardiola. Lahm trepaba por derecha en todos los avances, Xabi Alonso se hacía eje en el medio, pivoteaba muy bien Muller. Y entre Ribéry y el chileno Vidal se alternaban para asociarse y generar supremacía numérica. Todo era del local, aunque naturalmente le costaba entrar entre la maraña de piernas que planteaba el equipo español dentro de su área.

Después de varias llegadas que no alcanzaron a lastimar, a los 20 minutos el local tuvo la más clara. Boateng puso una pelota picada sensacional para el ingreso de Muller y el delantero no alcanzó a definir ante la salida de Oblak, que cubrió bien el arco.

El gol estaba al caer. Aleti, aturdido, no reaccionaba y solo intentaba despejar la pelota lo más lejos posible. El 1-0 llegó con un tiro libre deXabi Alonso, frontal desde la medialuna. El derechazo no iba esquinado, pero se desvió en Giménez y descolocó al arquero.

Bayern tenía hecha la parte más dura de la tarea. Había quebrado la pared de Simeone, había entrado y ya tenía la serie igualada.

Y encima aprovechó el envión del 1-0 para ponerse a tiro del pasaje a la final. En la siguiente pelota detenida, dos minutos después del gol, Giménez agarró a Lewandowski en el área y el juez turco cobró bien el penal para el equipo de Guardiola. Muller quedó a doce pasos de Oblak y de dar vuelta la semifinal, pero el arquero se hizo gigante: voló hacia su derecha y desvió el remate suave del alemán.