Como consecuencia de la apertura importadora y de la caída del consumo, Electrolux desmantela su producción de heladeras en la planta de Rosario, despedirá a 100 trabajadores, producirá solo freezers y lavarropas, y el resto de los productos los traerá desde el exterior. Un ejemplo más de sustitución a la inversa provocada por las políticas del Ejecutivo nacional: de fábrica nacional a importadora, de generadora de empleo a reducir el plantel. Con Milei, la industria manufacturera atraviesa uno de sus inviernos más crudos de las últimas décadas. Cada reestructuración conlleva la degradación técnica de la capacidad instalada y la pérdida de experiencia laboral acumulada en el país.
En mayo, la planta de Frimetal (ex Gafa) que ensambla productos para la multinacional sueca Electrolux dejará de fabricar heladeras. No se trata de un hecho aislado. Las decisiones de política económica del Gobierno empujan a las empresas que antes habían decidido instalarse en el país a buscar otras opciones para sostener rentabilidad.
De acuerdo con datos del sector, las ventas de cocinas y heladeras se derrumbaron entre 30 y 40 por ciento interanual en 2026.
Desmantelamiento por etapas
La decisión de la firma sueca en Rosario fue progresiva, como estirando la retirada. El proceso de achicamiento comenzó en enero de este año con el cierre definitivo de la línea de cocinas.
Durante el mes de marzo, la empresa buscó recortar su masa salarial mediante un registro de retiros voluntarios al que se acogieron 130 empleados. Sin embargo, según argumentan, el ajuste no fue suficiente para compensar la parálisis del mercado: el cese de la producción de heladeras en mayo implica la desvinculación directa de otros 100 trabajadores.
En pocos días, el complejo industrial, que supo ser un emblema del cordón santafesino, verá ingresar menos operarios. Con la planta de Electrolux reducida a una mínima expresión operativa, limitándose únicamente a la fabricación de pocos electrodomésticos.
Efecto tijera
El caso de Electrolux es un ejemplo más de la crisis que atraviesa todo el sector de bienes durables. La industria de la línea blanca se encuentra atrapada en un “efecto tijera”: por un lado, la pérdida del poder adquisitivo del salario real pone límites a la demanda y por otro, la eliminación de las licencias no automáticas y la simplificación de trámites de importación inundó el mercado local de productos terminados del exterior, contra los que la producción nacional no puede competir.
“La demanda está estancada y la presión sobre los precios, sumada a la apertura de las fronteras comerciales, hace inviable el sostenimiento de ciertas líneas de fabricación. Estamos asfixiados por los costos de la energía y los insumos”, explican fuentes del sector.
Panorama del bajón industrial
Si bien Electrolux atraviesa un proceso de ajuste global —que incluye el cierre de su fábrica en Hungría y el despido de 600 operarios en Jaszbereny—, la situación se enmarca en un contexto de achicamiento o cierre de otras compañías similares. El cambio de paradigma que propone Milei no es nuevo: llegó con la última dictadura militar en 1976 y se replicó en las gestiones neoliberales de los presidentes Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri. El resultado se repitió de igual manera en todos los casos: a menos producción, mayor desempleo o empleos con menos derechos, y el desarme de la capacidad técnica y productiva. En la mayoría de los casos la intención de reprimarizar la economía también pretende disolver el movimiento sindical, como espacio de resistencia a la desindustrialización.
La administración libertaria desplegó un shock de desregulación que, en la práctica, está transformando a las empresas manufactureras en meras distribuidoras de productos importados.
Otro emblema de línea blanca es Whirlpool que cerró de manera intempestiva su fábrica en Pilar, despidió a 300 trabajadores y comenzó a importar. Entre heladeras, congeladores, etc., las unidades importadas por la firma pasaron de las 52 mil en 2023 a las 88 mil en 2025. La reconversión le permite obtener márgenes de rentabilidad muy amplios. “Los precios unitarios CIF promedios de importación de los lavarropas de uso doméstico y de las heladeras rondan, respectivamente, los 216 dólares y 257 dólares en 2026 (es decir, unos 304 mil pesos argentinos y 363 mil pesos). Dado que los lavarropas y las heladeras provienen del Brasil, el derecho de importación de estos bienes tiene una alícuota del 0 por ciento. Únicamente la firma tiene que abonar la tasa estadística del 3 por ciento que eleva el costo unitario de importación de los lavarropas a unos 222 dólares (cerca de 313 mil pesos argentinos) y a 265 dólares el de las heladeras (373 mil pesos argentinos). No obstante, en su tienda online el lavarropas más económico con promoción (25 por ciento) tiene un precio de 749 mil pesos (619 mil pesos sin impuestos nacionales), mientras que se pueden encontrar heladeras (con promoción del 12 por ciento) desde 849 mil pesos (709 mil sin impuestos nacionales) en adelante”, detalla un informe elaborado por Gustavo García Zanotti y Martín Schorr, del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP).
El silencio de las máquinas en las plantas industriales también puede ser un grito atronador.


