Por Carlos Raúl Enrique Salina. Doctor en Ciencias Económicas.
Contador. Abogado formoseño
Réplica a Félix V. Lonigro en Infobae. Quien trata de incapaz al elector del
interior no defiende la República: la usa contra el federalismo.
El martes 22, Infobae publicó una columna de Félix V. Lonigro titulada
“Es imperioso liberar al pueblo formoseño”. El título ya es un programa:
liberar al pueblo de sí mismo. Porque el cargo que se le hace a Formosa no
es que no vote. Es que vota mal. Vota con las urnas abiertas, con oposición
en la boleta, con más del 70 por ciento de participación, y elige,
victoriosamente, a quienes quiere que la gobiernen.
Para cierta doctrina porteña, eso no es democracia: es secuestro. El
formoseño no sería ciudadano, sino rehén. No amaría un proyecto:
padecería el síndrome de Estocolmo. Y como no se da cuenta, hace falta un
profesor de la UBA, un diario de Buenos Aires y, si hace falta, una
intervención federal para venir a votar por él.
Esa no es una tesis republicana. Es la vieja tesis unitaria, apenas maquillada
con citas constitucionales.
La Constitución no empieza por el miedo al caudillo del interior. Empieza
por el pueblo. El artículo 33 reconoce derechos que “nacen del principio de
la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno”. El artículo
37 garantiza los derechos políticos “con arreglo al principio de la soberanía
popular”. El 22 dice que el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio
de sus representantes.
Juan Bautista Alberdi lo escribió con una claridad que todavía incomoda a
quienes pretenden tutelar al interior: “Todo poder emana del pueblo. La
soberanía le pertenece originariamente”. Y en sus Elementos de derecho
público provincial explicó que el pueblo divide esa soberanía: una parte la
ejerce con las demás provincias, por autoridades comunes; la otra, por las
autoridades locales.
Eso es Formosa cuando se elige gobernador. Se podrá discutir el modelo.
Lo que no se puede hacer, sin romper el pacto democrático, es anular el
sufragio porque el resultado no le gusta a Infobae.
Lonigro sostiene que no basta con que la gente elija: hay que impedirle
elegir al mismo. Convierte la República en desconfianza hacia el elector, es
decir, usted formoseña o formoseño, no sabe votar.
Hay una segunda impostura: hablar de Formosa como si no fuera una
provincia de la federación. El artículo 1 de la Constitución Nacional adopta
la forma representativa, republicana y federal. El 5, manda a que cada
provincia dicte su constitución y, cumplido eso, el Gobierno federal le
garantiza el goce y ejercicio de sus instituciones. El 121 dice que las
provincias conservan todo el poder no delegado. El 122, que eligen a sus
gobernadores sin intervención del Gobierno federal. El 123, que cada una
dicta su propia constitución.
Lonigro se queda con un solo artículo, el 6, la intervención: si la Corte no
impide a Gildo Insfran presentarse en 2027, el Presidente “debería”
intervenir Formosa. Eso no es defender la República. Es suspenderla. La
intervención no está para “liberar” a un pueblo que vota.
Hoy hay una demanda en la Corte, no hay una sentencia. Afirmar que la
Corte impedirá a Insfrán presentar una eventual candidatura, es convertir
un deseo en vaticinio. Anunciar, si ese deseo falla, corresponde la
intervención, es confesar que el único objetivo que mueve a Lonigro es que
los formoseños no decidan.
Insfrán no es dueño de Formosa. Dueño es el pueblo que lo vota y el que no
lo vota. Si algún día quiere otro gobierno, lo va a elegir. Esa facultad no se
delegó en Infobae ni en un proyecto de intervención.
Al pueblo formoseño no hay que liberarlo. Hay que respetarlo.


