Desclasado

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Notoria actualidad adquirió este término luego que lo expresara el gobernador de Formosa ante la desubicada intervención de un periodista.

“Desclasado” hace referencia a una persona que ha perdido su conciencia de clase y actúa defendiendo como propios los intereses de la clase a la que no pertenece y que la desprecia.
Estas personas han proliferado en este tiempo.
La derecha libertaria se ha nutrido de quienes hoy la apoyan aún a costa de perder derechos y entregar libertades en una impostura aspiracional en la que reniega de sus orígenes, siendo que cada vez se encuentra en peores condiciones objetivas de vida, por culpa de la ideología impropia que abraza.

Es el “medio pelo” de Jauretche versión 2.0: creerse algo que no es, incorporando los valores ajenos y empezar a despreciar lo propio, terminando —como decía don Arturo— “pensando con cabeza ajena”.

En Formosa estamos rodeados de ellos, los conocemos, sabemos sus orígenes y lo que son; sin embargo los vemos frenéticamente embanderados en posiciones que atentan contra sí , que no los incluye, al contrario, los desprecian y simplemente los usan como no hace mucho nos mostraba el gran Capusotto con su personaje Micky Vainilla.

Hace pocos días, por ejemplo, una hija de policias, hermana de policías, no tiene problemas en subir a sus redes reclamos al Estado provincial para que costee aquello que el propio presidente para quien milita lo eliminó. Lo que es más, sin reparos, esta “señora” utiliza al autismo como insulto, dañando profundamente a quienes tienen TEA, a sus familias, amigos y a todas las personas de bien y solidarias a quienes repugnan tanta bajeza. Lo triste del caso es que esta “señora” pertenece a una de las diversidades que permanentemente son sistemáticamente descalificadas, agredidas y estigmatizadas por Milei y sus seguidores.

En definitiva, signo de los tiempos, los desclasados idealistas nos rodean, son muchos, haciendo el ridículo del servilismo vocacional, que abrazan con orgullo, exhibiendolo impudicamente, a pesar que se trata de su propia perdición.

*Por Bárbara Roucco