Y sonó la campana del adiós para el Mercado de Liniers

Tras varias prórrogas, que se venían aplicando desde la sanción de la Ley 622, de la Legislatura porteña que prohíbe el ingreso de ganado en pie. Sonó la última campanada de la tradicional feria de Mataderos.

Un viernes diferentes se vivió hoy en el Mercado de Liniers, porque se concretaron los últimos remates en la tradicional plaza ganadera, después de 122 años años de trabajo incansable.

Luego del paso de más de de cinco generaciones por la tradicional plaza de ventas de hacienda, se concreto hoy el último remate en el predio cuya piedra fundamental se puso el 14 de abril de 1889.

Pero su historia había comenzado en 1884, porque los primeros remates de ganado se realizaban a orillas del Riachuelo, hasta que se decidió llevarlo a lo que hasta este 13 de mayo fue su emplazamiento.

Según los registros históricos, el Mercado Nacional de Hacienda de Liniers, ese fue uno de sus nombres históricos, hasta 1992, que paso a llamarse Mercado de Liniers SA, comenzó a operar con sus actuales características en 1900, fecha que se recuerda con la acuñación de una moneda conmemorativa.

Muchas de las personas que hasta hoy trabajaron en la feria ubicada en Avenida de Los Corrales y Lisandro de La Torre, hicieron sus primeras experiencias desde muy chicos.

Desde los reseros, el personal de logística, carpintería, maestranza, los playeros, los consignatarios y hasta cientos de personas que incluían a la gastronomía más vernácula, este viernes, la nostalgia inundo sus corazones y con la vos entrecortada le dijeron adiós.

A las 8 de la mañana en punto de este viernes, todas las consignatarias que operaban en el Mercado de Liniers, hicieron sonar sus campanas al unísono, como una forma de decir adiós a más de 120 años de historia.

Hoy ingresaron por última vez los camiones cargados con 7672 vacunos y, se congregaron por última vez los compradores frente a los corrales, par pujar por última vez por la mercadería y se cerraron por última vez negocios en ese lugar.

Ya no se podrán escuchar el galopes de los caballos en el empedrado de las calles internas, ni tampoco a los arrieros, la mayoría heredaron su profesión de sus abuelos o bisabuelos, tarea que paso de generación en generación.

Tampoco se podrán apreciar los sandwich de matambre, preparado por verdaderas manos artesanales para atender las demandas gastronómicas de quienes desde muy temprano transitaban lasa calles, con o sin lluvia, o, los platos que se preparaban en la fonda de Malaquías o, los bifes con guarnición servidos en el Retaurante La Carreta, casi pegadito a la entrada. Ese mundo del campo en la ciudad no se verá nunca más.

Para quienes algunas vez transitaron las pasarelas, entre corrales, lápiz, libreta y ordenes de venta en mano para llevarse el dato de cada consignataria o, conocer las expectativas esperadas del mercado de ese día para la subasta, Liniers solo será un recuerdo

Tampoco se verá la puja por la venta de un lote de consumo liviano, apasionante, de boca de los martilleros que se esmeraban por recomendar la calidad de la hacienda, a partir de la historia del productor, que desde algún campo en la Patagonia, La Pampa, Santiago del Estero, Córdoba y otros tantísimos orígenes, remitía su hacienda.

La emblemática imagen del portal de acceso al Mercado de Liniers, con sus edificios pintados de rosa, la plaza con el monumento al Resero, montado a caballo y ataviado con el ropaje gaucho, apreciado desde la avenida General Paz, solo será una imagen para el recuerdo.

El Mercado de Liniers, es considerado un referente nacional para fijar el precio de la hacienda, inclusive para el arrendamiento de campos ganaderos a partir de índice novillo.

Esta tradicional feria de remates, junto con la de Chicago, en Estados Unidos, cuyas puertas se cerraron hace más de dos décadas, fueron las plazas más grandes, en su tipo, de las que se tenga memoria para la subasta de hacienda.

Su emplazamiento se realizó en pleno corazón del barrio de Mataderos, en un predio de 34 hectáreas, donde se instalaron pasarelas, corrales y casillas de las casas consignatarias y, por donde cada año pasaron más de 1,4 millón de cabeza de ganado vacunos.

Supo tener también una playa de descarga ferroviaria a la que arriban los trenes por la línea Sarmiento con 70 u 80 vagones cargados de hacienda, que se sumaban a las que ingresaban en camión.

En sus orígenes, el mercado de hacienda funcionaba como matadero y además se subastaban ovejas y porcinos.

Desde el lunes próximo la venta de ganado en feria tendrá un nuevo capítulo, porque los remates, ya se harán en forma definitiva en el Mercado Agro Ganadero de Cañuelas (MAG), un emprendimiento adaptado a los tiempos que vienen. Los tiempos ya no serán los mismo y Liniers solo será un recuerdo (Noticias AgropPecuarias).