Sin sobrarle nada, Racing derrotó a Huracán y trepó cerca de la punta en la Superliga

Nicolás Reniero marcó el gol del triunfo. El Globo terminó con nueve por las expulsiones de Carlos Araujo y Lucas Merolla. Los hinchas se fueron felices del Cilindro.

El gol agónico, un centro de David Barbona, punzante como nunca en el resto de la tarde. El cabezazo de Darío Cvitanich, quien había ingresado un rato antes. La tapada monumental de Antony Silva. El olfato de Nicolás Reniero, otro de los lúcidos cambios de Eduardo Coudet esta noche. Racing ​gana después de sufrir por sus propias limitaciones, porque nada le sobra al campeón.

Igual, la gente se va feliz del Cilindro, con gran desahogo después de dos empates que le habían restado terreno en el torneo, a tiro de la punta. Después, claro, llegará el momento de la autocrítica. Y tendrá que afinar el equipo el Chachomientras prepara sus valijas para mudarse a Porto Alegre en 2020.

Huracán lamentará no haber podido sostener el resultado cuando había hecho un partido sin fisuras. Y sobre todo, aquella jugada que no pudo resolver Juan Ignacio Vieyra, mano a mano con Gabriel Arias.

Fue tan notable el achique del arquero como imperfecta la definición del volante de Arrecifes. En la jugada siguiente, llegó el grito del Príncipe. ¿Pudo ser más ambicioso? Tal vez. Recién aceleró en desventaja y el número uno de la Academia bajó la persiana. Son los riesgos de elegir una postura conservadora.

Es que Huracán se acurrucó en su campo, dispuesto a bloquear circuitos, y se lanzó a la segunda pelota. Y dejó al desnudo, una vez más, que a Coudet le cuesta horrores encontrarle la vuelta a rivales compactos, que juegan agazapados, esperando los errores de su propio equipo.

Le pasó con Banfield, hace dos fechas, en este mismo escenario. Y volvió a sucederle en gran parte del partido, más allá del triunfo del final.

En el primer tiempo, nunca pudo resolver el acertijo que le propuso Néstor Apuzzo con dos líneas de cuatro bien plantadas, muy a pesar del talento del Droopy Gómez, conminado a proteger el andarivel por donde podía escalar Iván Pillud.

Y fue el marcador de punta celeste y blanco, justamente, el que más peligro generó con sus desbordes. A Pillud le jugaban Marcelo Díaz Nery Domínguez cuando Racing intentaba romper con alguna pelota larga. Y ese, a fin de cuentas, es todo un síntoma de las carencias locales.

Si la mejor opción es su lateral, el problema es grande. Aunque poco habrá que reprocharle al santafesino si no fluyen los volantes. Matías Zaracho y Barbona chocaron más de lo que jugaron. Matías Rojas apareció en cuentagotas. Bajo esta coyuntura, Lisandro López y Jonatan Cristaldo no pesaban en el área de Silva.

No pateó al arco Racing en la primera etapa. No aprovechó la pelota parada. Todo fue lento, sin cambio de ritmo, previsible. Y fue una bendición para los firmes zagueros de Huracán, cuya única vía de ataque fueron los pelotazos a sus dos centrodelanteros, Lucas Barrios y Fernando Coniglio. El Globo, al menos, calentó las manos de Arias. El arquero tapó un tiro libre de Droopy Gómez sin demasiadas dificultades.

En el segundo tiempo, la Academia salió a jugar con mayor intensidad. Aún sin claridad, se proyectó Pillud por la derecha. Empujó constantemente. Cvitanich y Reniero entraron bien. Creció Barbona. Pero todo terminaba en los centros rechazados por Lucas Merolla y Saúl Salcedo.

Y casi lo gana Huracán. Fernando Rapallini cobró falta de Lucas Barrios sobre Nery Domínguez cuando Merolla había ganado en las alturas y Coniglio convertía después de una atajada espectacular de Arias.

Dirigió bien el árbitro, que no dio un penal que reclamó Lisandro López y anuló un gol de Zaracho en el primer tiempo por posición adelantada. Su única mancha fue la expulsión de Merolla en el final. Ya había echado a Carlos Araujo por una agresión sin pelota sobre Cvitanich. Entendió que el pibe empujó a Reniero. Compró la actuación.

Racing avanza, a bordo de sus desniveles. Huracán no puede en el Cilindro, tierra esquiva: aquí no gana hace una década.