Racing fue de mayor a menor y defendió la punta con un triunfo ajustado

Le ganó 1-0 a Belgrano con un tanto de Lisandro López al minuto de juego. Así le sacó cuatro puntos a Defensa y Justicia que visita el domingo a Patronato.

RACING vs BELGRANO foto MARCELO CARROLL

El desahogo llega en el final, con el triunfo consumado. Y la ilusión se hace imparable. Racing acaricia el sueño del campeón, más allá de Defensa y Justicia, ese rival incansable, que madrugará con Patronato pero terminará el domingo en el segundo puesto, pase lo que pase en Paraná. Pasada la euforia, habrá que hacer un crudo análisis. Si es cierto que este equipo es el mejor de los últimos 25 años, como se ufana Eduardo Coudet, deberá mostrar otro sustento futbolístico, aquel que lo impulsó a la cima de la tabla de posiciones. La Academia jugó un solo tiempo, cuando debió ganar con mayor holgura. Sufrió en el segundo por sus nervios e imprecisiones. Pero lo sacó adelante.

Encontró rápido el gol. Con ese pase largo de Leonardo Sigali, el desborde de Eugenio Mena y el olfato de Lisandro López. La enganchó de zurda el capitán, la pelota pegó en el palo y explotó el estadio. Toda esa tensión previa, todos esos nervios contenidos, pasaron a un segundo plano y desataron la euforia cuando el reloj recién había superado el minuto de juego.

Entonces, la Academia tomó una decisión. Sin pasar por alto ese grito que amaneció con el partido, continuó con su búsqueda frenética, como si aquella definición de Licha nunca hubiera existido. Y fue por más. Porque este equipo tiene una firme convicción de protagonismo. Con la salida limpia de Nery Domínguez, esa rueda de auxilio que disimula la ausencia de Marcelo Díaz. Con Pol Fernández en su mejor versión, moviéndose por el centro del campo, liberando el costado izquierdo para las subidas del chileno Mena. Con Darío Cvitanich pivoteando y Renzo Saravia atacando el espacio por la derecha.

Dominó Racing a un rival que llegó a Buenos Aires a bordo de una desesperante lucha por la permanencia pero carente de audacia. Diego Osella apeló a un dibujo conservador (4-1-4-1) y no asumió ningún riesgo. Apostó al orden posicional, a tapar a los volantes interiores del puntero con Maximiliano Lugo y Marcelo Meli, y se encomendó a alguna corrida de Mauricio Cuero por la derecha. Jugó agazapado, al error del adversario. Y casi no inquietó a Gabriel Arias.

La Academia, en cambio, generó media docena de situaciones de gol. Además de la definición de Lisandro, se registraron un cabezazo de Alejandro Donatti que tapó Rigamonti, otro de Nery Domínguez que pegó en el travesaño, un remate cruzado que atajó el buen arquero de Belgrano y un disparo de media distancia de Cvitanich que se perdió a centímetros del arco visitante. Y también hubo lugar para la polémica y una reflexión. Difícil sacarle de la cabeza al hincha toda suspicacia cuando Fernando Rapallini no cobra un penal tan claro y una falta de expulsión. Marcelo Herrera bajó a Matías Zaracho cuando Cvitanich estaba a punto de desbordar en un contragolpe y el propio zaguero cordobés empujó a Lisandro a centímetros del área cuando quedaba mano a mano con Rigamonti. Interrumpió una situación manifiesta de gol. Era tarjeta roja y tiro libre. Nada de eso sucedió.

Osella movió rápido el banco. Y entró bien Juan Brunetta. Obligado, con amor propio, Belgrano empujó contra el arco de Arias. Mostró dudas Racing, como si pesara la responsabilidad. Mendoza lo perdió increíblemente abajo del arco. Cuero no aprovechó un error de Donatti.

Se desdibujó la Academia. Perdió su mayor capital, la tenencia. Repartió la pelota con Belgrano. Y ya no pesó en 3/4 porque no fluyó Zaracho, Cvitanich quedó atrapado en el offside y como no prosperaba el juego, Lisandro retrocedía para engranar al equipo. Bajo esa coyuntura, Racing se dedicó más a pelear las divididas y meter alguna réplica. No tuvo una clara. Sin embargo, acabó ganador, con un himno que bajó desde la tribuna. “Y ya lo ve, y ya lo ve, es el equipo de Coudet”, gritaron los hinchas. Si logra la coronación el Chacho llegará al Hall de la Fama, aunque reconocimiento no le falta.