Preocupación en el sector vitivinícola por la falta de fondos para el control de una plaga

El sector vitivinícola está en alerta porque este año todavía no se asignó el financiamiento para controlar la Lobesia Botrana, más conocida como al polilla de la vid, una plaga que ataca a los viñedos generando graves pérdidas productivas.
El 2017 esta economía regional contó con un presupuesto de $ 400 millones otorgado por el Gobierno Nacional, sin embargo, este año todavía esos fondos no están disponibles y se negocia a contrarreloj entre el Ejecutivo, Gobiernos provinciales de Mendoza, San Juan y Salta, y el sector privado.
Para hacer un breve repaso, la plaga se detectó en Argentina en el 2010 cuando quebró la barrera sanitaria. Por lo que en aquel año se desarrolló un Programa de Erradicación de la plaga con fondos que proveía el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) con fondos relativamente bajos. Luego, en 2015, se creó la Ley 27227 para el control de la plaga durante la gestión de Cristina Kirchner pero aún no está reglamentada, por lo que depende de asignaciones presupuestarias del Ejecutivo Nacional.
En 2016 se registró en el país el mayor ataque de Lobesia provocando graves daños en el cultivo de vid y las pérdidas en algunas zonas de alcanzaron hasta 40% de la producción. Por lo que en 2017 fue el primer año que el Gobierno (desde el Ministerio de Agroindustria) dio una partida de $ 400 millones para contrarrestar a la plaga.
“La campaña fue muy exitosa. Se controló a la plaga con diferentes mecanismos de combate”, aseguró a Clarín Rural Carlos Fiochetta, gerente General de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), expectante para que se continúe con el control correspondiente.
El trabajo de Senasa en conjunto con los organismos sanitarios provinciales fue muy bueno, por eso creemos que debe continuar”, agregó.
De acuerdo a otros países, como en Estados Unidos o Chile, las campañas de combate contra la Lobesia duran por lo menos entre 4 y 5 años, explicó el directivo, con el objetivo de bajar la prevalencia o erradicar directamente la plaga. “Hacer el control un año y al siguiente dejarlo, no funciona. Debe ser constante”, sintetizó.
Un informe de la Coviar remarca que si no hay una interacción pública/privada firme con los aportes económicos necesarios, se estima que al 2019 la plaga tendría presencia prácticamente la totalidad de las áreas cultivadas con vid en Mendoza, la principal provincia productora, con alrededor de 160.000 hectáreas. Lo que significaría pérdidas económicas por $ 2.750 millones, advirtió la Coviar.
La plaga produce daños directos provocando pérdidas en los volúmenes de producción, menor rendimiento por planta, afectando además la calidad de la fruta tanto para consumo en fresco como para vinificación. Asimismo, favorece el ataque de diversos hongos patógenos que provocan la podredumbre del racimo.