Memorias cuánticas entrelazadas, cada vez más cerca de la internet cuántica

Durante la década de 1990, se lograron avances importantes en el campo de las telecomunicaciones, consiguiendo extender la red a distancias más allá de las ciudades y áreas metropolitanas, marcando así un antes y un después en la comunicación global. Para poder aumentar la escala del sistema se utilizaron repetidores, que mejoraban las señales atenuadas y les permitían viajar a distancias más largas con las mismas características de intensidad y fidelidad. Con la adición de satélites al sistema, se ha logrado normalizar el hecho de estar perdido entre las montañas en Europa y poder hablar con amigos viviendo en la otra punta del mundo.

En el camino hacia la construcción de la futura internet cuántica, las memorias cuánticas desempeñan ese mismo papel. Junto con las fuentes generadoras de qubits, son los componentes básicos de este sistema, y actúan como repetidores de operaciones de datos utilizando la superposición y el entrelazamiento cuánticos como ingredientes claves. Pero, para poder manejar un sistema como la internet cuántica, primero es necesario entrelazar esas memorias a larga distancia, y mantener ese entrelazamiento de la manera más eficiente posible.

Dario Lago, Samuele Grandi, Alessandro Seri y Jelena Rakonjac, del ICFO (Instituto de Ciencias Fotónicas) en la localidad barcelonesa de Castelldefels, dirigidos por el profesor ICREA del ICFO Hugues de Riedmatten, han logrado, por primera vez, un entrelazamiento materia-materia entre dos memorias cuánticas. Este entrelazamiento se ha conseguido entre memorias de estado sólido, con propiedades multimodo, remotas (colocadas a cierta distancia), y operando en la longitud de onda de las telecomunicaciones, siendo por lo tanto una tecnología potencialmente adaptable a una escala mayor. Dicho de manera más simple; han conseguido almacenar, durante un máximo de 25 microsegundos, un único fotón entre dos memorias cuánticas separadas entre sí por 10 metros de distancia.

Los investigadores sabían que el fotón estaba en una de las dos memorias, pero no sabían en cuál. De hecho, el fotón estaría en un estado de superposición cuántico en dos memorias a la vez, que, sorprendentemente, se encontraban a 10 metros de distancia. El equipo supo que se había creado entrelazamiento al detectar un fotón en la longitud de onda de las telecomunicaciones, que se almacenó en las memorias cuánticas de forma múltiplex, una técnica que permite enviar varios mensajes simultáneamente por un solo canal de comunicación. Estas dos características – lograr entrelazamiento en la longitud de onda de las telecomunicaciones y de forma múltiplex – son clave para poder escalar/extender el sistema a grandes distancias, y se han logrado juntas por primera vez.

Como señala con entusiasmo Darío Lago, estudiante de doctorado en ICFO y primer autor del estudio: “Hasta ahora, otros grupos ya habían conseguido varios de los hitos logrados en este experimento, como entrelazar memorias cuánticas o almacenar fotones en memorias cuánticas con una eficiencia y tasa elevadas. Pero la singularidad de este experimento es que nuestras técnicas lo han logrado de manera conjunta y eficiente, y que el sistema puede llegar a extenderse a grandes distancias.”

Lograr este objetivo ha necesitado de esfuerzo y tiempo. El equipo preparó el experimento durante el transcurso de varios meses, utilizando como memorias cuánticas unos cristales base dopados con praseodimio, un elemento químico del grupo de las tierras raras.

También se utilizaron dos fuentes generadoras de pares de fotones, correlacionados e individuales. En cada par de fotones, había uno llamado “mensajero”, con una longitud dentro del rango de las telecomunicaciones de 1436 nm; y el otro, llamado “señal”, con una longitud de onda de 606 nm. Los fotones señal se enviaron a una memoria cuántica, formada por millones de átomos colocados aleatoriamente dentro de un cristal, y se almacenaron allí a través de un protocolo llamado AFC – por las siglas en inglés de peine de frecuencia atómica. A su vez, los fotones mensajeros se enviaron a través de una fibra óptica a un dispositivo llamado divisor de haz, donde se borró por completo la información sobre su origen y trayectoria. Samuele Grandi, investigador postdoctoral y coautor del estudio, comenta: “Borramos cualquier tipo de característica que nos dijera de dónde procedían los fotones mensajeros, porque no queríamos tener ninguna información sobre el fotón señal ni intuir en qué memoria cuántica se estaba almacenando”. Al borrar estas características, el fotón señal podía almacenarse en cualquiera de las memorias cuánticas, lo que significaba que había entrelazamiento entre ellas.

Para confirmar y verificar que, de hecho, se había conseguido un entrelazamiento, los científicos veían en el monitor un clic cada vez que un fotón mensajero llegaba al detector. Este entrelazamiento era el fotón señal en estado de superposición entre las dos memorias cuánticas, almacenándose como una excitación compartida por decenas de millones de átomos durante un máximo de 25 microsegundos.

Como mencionan Sam y Darío, “Lo curioso del experimento es que no era posible saber si el fotón estaba almacenado en la memoria cuántica del laboratorio 1 o del laboratorio 2, que estaban a más de 10 metros de distancia. Aunque esta es la característica principal de nuestro experimento, y por tanto algo que esperábamos que ocurriese, los resultados en el laboratorio seguían siendo contrarios a la intuición. Y aún más peculiar y alucinante para nosotros, ¡fuimos capaces de controlarlo!”

https://noticiasdelaciencia.com/art/41986/memorias-cuanticas-entrelazadas-cada-vez-mas-cerca-de-la-internet-cuantica