Falta de hierro, un riesgo para la gestación y el aprendizaje

Durante la mitad de la fase entre el nacimiento y el primer año de vida, el ciclo del uso y la absorción de hierro presenta valores elevados que conciden con la producción de energía. Además fortalece los ciclos de dendritogenesis –nacimiento de nuevas neuronas– y sinaptogenesis –nuevas conexiones entre las neuronas–, generando mayor capacidad intelectual para el individuo.

“Por eso los cuadros de ferropenia desembocan en problemas de memoria y aprendizaje, y por ende en mal rendimiento escolar”, señaló el doctor Ángel Castro Dajer de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), especialista en Oncohematología Pediátrica, en la charla ‘Lo que nadie nos contó de la anemia ferropénica: ¿cuál es su verdadero impacto?’, del programa #SaludUNALContigo.

Según el doctor Castro, la ferropenia coincide con el proceso de mielinizacion (velocidad del pensamiento), que ocurre en el periodo cerca del nacimiento, lo cual explica que en los niños que la padecen –en quienes persiste esta condición durante su primer año de vida– se convierte en algo irreversible, derivando en problemas serios de desarrollo neuronal de por vida.

Las células hipocampales –encargadas de la memoria– son las que más sufren en el desarrollo neuronal por la deficiencia de hierro, debido a que tienen receptores para esta molécula, y una vez que detectan la deficiencia generan vías biológicas que terminan en la apoptosis celular (eliminación de gran cantidad de células) de esta zona del cerebro, lo que repercute en el desarrollo intelectual.

El hierro es esencial para nuestra vida y participa en muchos procesos del cuerpo humano. Es un donante y aceptador de electrones y cambia de estado férrico a ferroso produciendo energía. La mayor parte de este se absorbe en la segunda porción del duodeno (primera parte del intestino delgado), en cantidades diarias de 1 a 2 miligramos.

El 59 por ciento de las mujeres embarazas de los países en vías de desarrollo están en alto riesgo de padecer de ferropenia debido a los cambios fisiológicos en esta etapa, según explica el doctor Castro. Esto, sumado a que en las primeras semanas de gestación se produce un pico de epsidina, la cual bloquea la absorción de hierro en el organismo favoreciendo la presencia de radicales libres que podrían perjudicar al feto.

Si en el segundo trimestre de la gestación la anemia persiste, puede desencadenar un crecimiento hepático que terminaría en una colestasis neonatal, la cual necesitará fototerapia, haciendo que el neonato esté lejos de la madre.

Según el especialista, todos los neonatos prematuros nacen ferropénicos por definición, debido a que solo en la semana 32 de gestación las reservas de hierro de la madre se transfieren al feto a través de la placenta, por lo cual es importante brindar suplementación.

Además recomienda considerar los artículos de la revista Neonatology acerca de la aplicación de la técnica de “pinzamiento del cordón umbilical” a los tres minutos posparto y no al minuto, lo que ha demostrado que los niveles de sangre en el feto aumentan considerablemente dejando poco volumen sanguíneo en la placenta y mayor cantidad de hierro en el organismo del recién nacido.

Una de las formas de evitar la pérdida de hierro en el organismo es cuidar la alimentación y tener en cuenta algunos alimentos que pueden aportar valores importantes. La morcilla, por ejemplo, es la que más aporta hierro al organismo (con 18 miligramos), seguida por el hígado de res (7,5), los granos como el frijol, las lentejas y los garbanzos (2), las espinacas (3), y el melón y el coco (1,4), entre otros.

Sin embargo, se debe evitar mezclar estas comidas altas en hierro con fitatos, los cuales se encuentran en todos los cereales, y los fenoles, que están en los tés y las bebidas oscuras.

También se debe evitar la suplementación excesiva de hierro, debido a que está vinculado a una peroxidación de las membranas y los lisosomas, fragmentación de proteínas y lesiones en el ADN, llevando a enfermedades como hepatocarcinoma, carcinoma de tiroides, hipotiroidismo, párkinson, lesiones renales y otras. (Fuente: UNAL/DICYT)