(Des) Equilibrio, División, Conflicto Venezuela sufre

No es novedad la crisis que somete al pueblo venezolano, quizás los síntomas nos ayuden a entender los por qué mientras pensamos en este presente caótico con perspectivas a encontrar posibles salidas.

 

La escalada de violencia complica las negociaciones y la división social respecto al enfrentamiento político parece volver más complejo el arribo a acuerdos necesarios para devolver el orden y la paz al hermano país.

La división social que enfrenta a dos posiciones ideológicas muy diferenciadas tanto como sólidas, llega a platear hoy la guerra civil que podría desatarse con mayor crudeza.

Donde debería haber equilibrio, no lo hay. Se trata de una República, uno de sus pilares fundamentales es la división de poderes, estando cada uno de ellos en equilibrio de funciones respecto a los demás.

Sin mencionar la persecución que denuncian miembros de la oposición, el intento del Poder Judicial de adjudicarse las funciones de la Asamblea, disolviéndola, nos demuestra una pequeña parte del conflicto institucional pero es sólo una punta del iceberg. Los poderes del Estado: el ejecutivo, el judicial y la Asamblea, están en abierto desequilibrio, no se respetan, por el contrario se neutralizan.

Se conocieron imágenes de la tremenda represión, con al menos veinte muertos, cientos de heridos y de detenidos, sufrida en los últimos días por los manifestantes opositores al gobierno de Nicolás Maduro, quien defiende haber instalado un estado de “resistencia” desde el oficialismo.

El Presidente bolivariano tiene alineadas las fuerzas a favor de esa ofensiva. “Resistencia” que trastoca el habitual uso del término, ya que suele ser utilizado por la oposición al enfrentarse al gobierno vigente. En este caso es Maduro quien dice hacer frente a un deliberado intento de intervención extranjera –encarnado en el eterno enemigo, Estados Unidos- para desestabilizar a su gestión desde las mismas entrañas de su territorio, ya que estaría coadyuvado por la oposición interna, según lo denuncia el mandatario.

La división social, esa “grieta” venezolana se evidencia de manera palpable en la sociedad polarizada, donde buena parte del pueblo pide elecciones, (se ha demostrado la existencia de elecciones irregulares en varios distritos) mientras buena parte (la contraparte) de los ciudadanos defienden al Gobierno. Un régimen que se ha militarizado y sale a las calles al tiempo que la sociedad civil que lo enfrenta también sostiene su postura de oposición, con el reclamo inquebrantable de elecciones en su propia “resistencia pacífica”.

En medio, la crisis que afecta a todos. En medio parece no haber nada más que conflicto, caos. Todo lleva a cuestionarnos acerca del poder, ¿en manos de quién se encuentra efectivamente? Hay un Gobierno con un Presidente electo que sin embargo no logra ser un líder claro que consiga unificar a una sociedad, que por su propia división se desangra. El poder económico hace lo propio, desestabilizando a través del desabastecimiento.

El desafío monumental en este estado de situación es encontrar una salida. Elecciones anticipadas quizás, lo cual parece estar muy lejos de la idea del Ejecutivo Nacional, o al menos la intervención de un mediador “neutral” para apaciguar las aguas, hasta que finalice el mandato constitucionalmente establecido de Nicolás Maduro, perspectiva también aparentemente lejana a las intenciones del Presidente.

Después vendrá el otro desafío, el de la próxima elección, con todos los hechos conocidos (y los aún desconocidos) de corrupción rampante como parte del panorama, así como cada uno de los factores mencionados.

Para nada sencillo, la observación como espectadores a la distancia nos brinda de por sí una perspectiva de “callejón sin salida” que sin embargo debemos buscar cómo resolver de manera que podamos ayudar de alguna forma a una sociedad que clama por paz y mientras sufre.