Debate de expertos Ayuda escolar sin certificado de estudios: ¿puede aumentar la deserción?

Ya no será una obligación presentar el certificado de alumno regular para cobrar la asignación escolar, confirmó el lunes el Gobierno. La ayuda que se cobrará entre marzo y abril de todas maneras y la obligatoriedad se flexibilizó y ahora se podrá entregar dicho documento hasta el 31 de diciembre próximo.

La asignación escolar es un beneficio para que las familias con chicos de entre 4 y 17 años puedan cobrar la ayuda escolar 2020, que cada año abona la ANSES. Según una normativa que se había aprobado en agosto pasado, para acceder a ese asistencia por cada chico escolarizado, había que tener presentado el certificado de escolaridad antes del 31 de diciembre del año anterior.

Como informó el lunes Clarín, la Resolución N° 28, publicada en el Boletín Oficial, se derogó esa normativa  fundamentando que “en función del contexto económico y social de emergencia y ante el inminente inicio del ciclo lectivo, corresponde derogar la modificación de agosto de 2019, “con el fin de garantizar que los niños, niñas y adolescentes, que presenten el certificado correspondiente hasta el 31 de diciembre, perciban en forma masiva, al inicio del ciclo lectivo, la Asignación por Ayuda Escolar”.

La ayuda escolar es una suma fija y anual, que oscila entre los 2.300 pesos y los 4.590 pesos por hijo, dependiendo si la zona es más o menos desfavorable. De todas maneras, el monto debe ser actualizado y se abonará a uno de los padres de los chicos y adolescentes que asisten a establecimientos educativos incorporados a la enseñanza oficial.

Esta disposición de la ANSES generó mucho rechazo en la sociedad, que se manifestó en las redes sociales, y también en el arco político. Desde la oposición, el diputado nacional Luis Petri solicitó dejar sin efecto la medida dispuesta por la resolución 28/20. “No hay herramienta que genere más movilidad social que la educación. La decisión va a repercutir negativamente y provocará más deserción escolar“. ​

El debate invitó a consultar a distintos especialistas sobre su parecer y si esta medida podría generar, o no, mayor ausentismo escolar. “A partir de estudios rigurosos realizados, comprobamos que llevar el certificado de alumno regular no se relaciona directamente con si el chico asiste o no al colegio, por lo que no nos parece una mala medida”, afirma José Florito, coordinador de Protección Social de Cippec (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento).

No es prematura esa conclusión para Florito “ya que advertimos que la familia decide llevar al chico a la escuela por el efecto ingreso económico, no por la obligatoriedad de llevar el certificado. Es decir para las familias vulnerables la posibilidad o imposibilidad de llevar a sus hijos a la escuela se debe al efecto ingresos”.

“Pero se produce un resquemor de parte de las clases media y alta, que tienden a estigmatizar al pobre, especulando que se despilfarra la plaza en drogas o zapatillas… Un discurso de odio clasista, muy instalado en ciertos sectores, pero que no tiene un correlato con la realidad”, puntualiza el licenciado en Ciencias Políticas.

Desde Cippec, Florito se permite recomendar intentar reducir las cargas burocráticas que demandan la gestión de este tipo de certificados. “Estamos hablando de familias muy diversas, muchas que viven en zonas rurales o periféricas, con escaso acceso a salud y educación, por lo que tomarse un día para la obtención de ese documento, pagar el pasaje, encontrar a la persona indicada, implica una pérdida del día de trabajo. Por lo que sería importante pensar en un esquema más automático para ese tipo de trámites“.

En contraposición, Guillermina Tiramonti, especialista en Educación e investigadora de FLACSO, es contundente: “No me parece nada positiva ni alentadora la decisión del gobierno, porque estoy convencida de que los padres tienen la obligación de mandar a los hijos a la escuela. Sea cual fuera la situación de cada familia. No por ser pobres están eximidos de la obligación de concurrir a clases; además de ser los más necesitados en ir a la escuela”.

Para Tiramonti la no obligación de la entrega del certificado de alumno regular atenta no sólo contra el presentismo “sino también con la sensación de que la escuela no es importante. Atenta contra la valoración de la institución escolar, me parece una medida que pone en jaque esa valoración. Es decir que se trata de una desvalorización, lisa y llanamente. A la escuela no se la puede ningunear como tampoco a las vacunas. Los chicos tienen que crecer sanos y educados”.

Cree Tiramonti que el subsidio escolar no debería correr el riesgo de quien no asista a clases “dependiendo las razones”. Pero debe ser el Estado “quien debería hacer un seguimiento de por qué el chico no asiste, por qué no tiene el certificado, ya que muchas veces el problema no es de ausentismo sino de la escuela, que no provee el correspondiente documento. Pero es clave el control y la exigencia a los padres de que manden a los chicos a la escuela porque, en ese caso de no existir un motivo que lo justifique, se le quitará el subsidio”.Mirá también Anses eliminó un requisito clave para el cobro de la asignación por ayuda escolar

Especialista en inclusión social y economista, Sebastián Waisgrais cree que “es un tema complejo tanto por la situación económica actual como por la proximidad del comienzo del ciclo lectivo. Y también hay que tener en cuenta de que se trata de una prórroga, no una eximición de la presentación del certificado“.

Por otra parte, para Waisgrais, que trabaja para Unicef, “hay un tema más de fondo, que tiene que ver con que en el último año, por ejemplo, hubo miles de chicos que no presentaron el certificado escolar, pero no por ausentismo o deserción, sino por dificultades relacionadas a hogares en situación de pobreza, largas distancias de las oficinas de ANSES, complicaciones para acceder a internet, por lo que la información no siempre está disponible o, simplemente, porque ignoran que tienen que presentar este certificado, lo que implica que corren el riesgo de perder la asignación”.

Waisgrais se pregunta y consulta: “¿De quién es la responsabilidad, de la familia, o de la ANSES y del Sistema Educativo, que no es suficientemente claro a la hora de comunicar?”. Finalmente, el economista siente que “se trata de una medida positiva dentro del contexto actual, pero es necesario mejorar la información y discutir el sentido de este certificado y analizar si no termina resultando un factor de exclusión adicional“.

Director de la Escuela de Gestión Educativa, Gustavo Iaies se había expresado días atrás sobre esta medida y dejó en claro malestar y disconformidad. “Sacar la obligación de la escolaridad suena a rendición. Dejar de exigirles a los chicos que vayan a la escuela es abandonar la presión, es permitirles dejar de pelear por un mejor futuro, por ellos mismos”.

Especialista en temas educativos, Iaies siente que “es probable que muchos chicos dejen la escuela cuando sus padres no se sientan obligados a llevarlos. Ceder a la obligación no los ayuda, necesitan padres y madres que les exijan, que no los dejen caerse de la escuela, que los empujen a un mejor futuro”.

“El futuro no es lo que va a pasar sino lo que vamos a hacer”, evocó Iaies a Jorge Luis Borges. “No es abandonarnos, es pelear para superarnos. Necesitamos ser dueños de nuestro futuro, tener metas y apostar a cumplirlas”, sostiene el ex director de escuela y con un Master en Educación. “Esta sociedad no puede permitirse bajar las barreras, no podemos aceptar ser menos, necesitamos trabajar en un esfuerzo de superación, de mejora. Nos venimos cayendo, el único modo de que eso deje de ocurrir, es mirar hacia adelante”.

GS