Chicos fanáticos, padres preocupados Fortnite: el fenómeno del momento ahora llegó a todos los celulares y dicen que será “el videojuego de la historia”

Esta semana se anunció que llega a Android. Está recomendado para adolescentes, pero ya lo juegan nenes de ocho años. La opinión de expertos.

Un videojuego se consagra cuando llega a las noticias por el debate de si es adictivo o no. Pero mucho antes de esa “final”, los creadores de Fortnite Battle Royale ganaron otra: dominar los celulares de todos.  Creado hace un año, con una estética de dibujitos animados y asesinatos, el juego del momento ya había superado el fanatismo de Pokémon Go desde los iPhone. Esta semana, en el lanzamiento del Samsung Galaxy Note 9 en Nueva York, se anunció su llegada a los dispositivos Android.

Así, si hace 10 días The New York Times​ dijo que es “el juego más importante del planeta”, “el videojuego de la historia” y “el Instagram del gamming“, ahora, al estar disponible en el sistema operativo que tiene la mayoría de los celulares en el mundo (en Argentina la relación entre Android y iOs es 9 a 1) los expertos aseguran que se convertirá en un fenómeno social “épico”. 

Así las cosas, pese a que la ONG Common Sense lo recomienda para mayores de 12 años, “el Fortnite” o “el Fort“, arrasa entre los argentinos aún más chicos, que lo juegan en red principalmente en la Play. Pasan horas en estas batallas en línea, crean estrategias, hablan con un léxico propio del juego y, muchas veces, les gritan e insultan a sus amigos a través del micrófono de los auriculares. Y no quieren abandonar “la partida”.

Los fortniteros saben que, al igual que en la saga de películas Los juegos del Hambre, gana el último que queda vivo. El Fortnite Save The World tiene una dinámica distinta y, claro, no tiene el mismo éxito.

“Con la salvedad de que aún no está liberado a todos los teléfonos de Android, el Fortnite será el videojuego que marque el rumbo del interés de los jóvenes“, dice a Clarín Nicolás Honeker, secretario General de la Asociación de Deportes Electrónicos y Videojuegos de Argentina (DEVA).​

En Android es una versión de prueba que no estará en la tienda Google Play y que los usuarios deben bajar directamente desde el sitio de Epic Games en los celulares Galaxy. Hasta el miércoles, sólo se podía jugar en iPhone, computadoras y laptops, en las consolas PlayStation 4 (PS4), Xbox One y la portátil Nintendo Switch.

Los que acá lo juegan tienen entre 8 y 14 años. La mayoría está por debajo de la recomendación de los 12. Las gráficas no son ‘intimidantes’, no hay sangre ni huesos rotos, pero el juego sí les permite un acceso a la toxicidad de otros jugadores, a través del chat. Desde DEVA empezamos a concientizar a los padres. Lo mismo pasa con el GTA, recomendado para mayores de 16 años, se los dejan instalar en la PlayStation a nenes de 8 o 9 años. Una locura“, agrega.

Entonces, primero ¿cómo llegó Fortnite a convertirse en este fenómeno planetario?

El primer nivel hacia hacia la posteridad gammer se da porque Fortnite es gratis. Algo que permite que los más chicos, que quizás ni siquiera tienen su propio celular, se lo descarguen sin poner un peso (aunque integra compras de disfraces, bailes y objetos cosméticos para el avatar y para pasar niveles). Si se tiene en cuenta que en Argentina y el mundo el primer celular de un chico casi siempre es un Android, Fortnite ahora será imparable.​

“La popularidad y tener muchos amigos es el aspecto más reiterado por los chicos cuando se les pregunta por lo que más valoran en esta etapa de la vida. No sorprende, entonces, que Fortnite tenga tanto éxito entre los más chicos. Por un lado entretiene –como muchos otros juegos-, por el otro se juega en red y necesita cada vez más amigos como ayuda en el diseño de las estrategias, para que el entretenimiento –y la victoria- sea aún mayor. La presencia de amigos es fundamental en este juego, y coincide entonces con las propias necesidades de los chicos a esta edad”, explica Roxana Morduchowicz, doctora en Comunicación y autora del libro “Ruidos en la web”.

“Si no tienen el juego, quedan excluidos de situaciones de grupo. Los compañeros les dicen ‘no sabés jugar al Fortnite'”, cuenta a Clarín Adriana, mamá de Joan (9). Al igual que antes se aconsejaba con la PC, esta familia de Barracas colocó la consola en un lugar de circulación común de la casa. “Yo estoy en la habitación, él está jugando en el living y lo escucho gritar e insultarse con sus amigos. Me asusta eso. Pero cuando le digo por qué se maltratan así me contesta ‘Mamá, estamos jugando, no pasa nada'”, narra.

No hay que buscar “demonios en todos lados”, advierte Alberto Alvarez, psiquiatra y vicepresidente del Capítulo de Juego Patológico y otras Adicciones de la Asociación Psicoanalítica Argentina. “El juego no da adicción. Para eso tiene que darse previamente algo que lleve del uso al abuso. Por ejemplo, un chico de 8 años que desde bebé tiene demasiado facilitado el uso del celular, es probable que desarrolle un mal uso de este juego. Los padres deben limitarles la tecnología”, detalla. Y hasta ve ventajas en Fortnite, como “los pasos de baile de los personajes, que los más chicos imitan entre ellos en la realidad, los conecta de cuerpo presente, y no los hace estar sentados frente al celular o la Play”. Esos bailes ocurren después de matar a alguien.

“Ponerle límites a Lolo con el juego es terrible: reacciona a los gritos, llanto, angustia –cuenta Fernanda, mamá de Lorenzo (9)–. Está angustiado porque está en un nivel más bajo que sus amigos: está en el 20 y para llegar al 100 tiene que gastar 70 dólares. Si no los paga, puede llegar cumpliendo misiones, pero para eso tiene que estar todo el día jugando”.

El segundo nivel para el éxito: Fortnite ofrece una batalla sin pausa. Si por algo del mundo real hay que dejar de jugar, se va a terminar muerto en el virtual. “Es la hora de la cena y le decís: ‘Esta la comida’. ‘¡No, por favor, está por terminar la partida, dejame un rato más!’. ¡La partida, la partida!”, exclama Daniela, mamá de Máximo (10). Si se siguió jugando, la victoria llevará a una nueva lucha. La acción no para. Ahí está el engagement. El juego se mantiene vivo. “El hijo de mi amiga, de 14, se pasa 8 horas seguidas jugando un sábado a la noche”, agrega.

“El peligro de la adicción a Fortnite es cuando se confunde esa realidad virtual con el mundo real. Cuando se olvidan de hace cuánto están jugando o no pueden dejar de jugar. No duermen, no se bañan, descuidan las relaciones con los demás. Hace que se aíslen. Pero eso se da más en adolescentes. Porque está metido el tema de la plata. Quieren imaginar que pueden estar entre las diez o quince personas en el mundo que se hacen millonarios jugando a un videojuego. Los padres tienen que limitarlos, para que no jueguen demasiado”, agrega el psiquiatra.

Para Morduchowicz, “la enorme mayoría de los chicos no son adictos” y pide diferenciar entre entusiasmo y adicción. “Si pensamos en la necesidad de los chicos de conectarse con amigos, en el valor que tiene lo virtual como territorio propio, exento de adultos (sus padres) y en el que, como en las redes sociales, deciden a quién aceptan y a quién no, entenderemos mejor el valor de Internet y de Fortnite en sus vidas”.

De cualquier modo, asegura, “es importante que los padres piensen qué otros bienes culturales les ofrecen a sus hijos para que su tiempo libre no esté monopolizado por un videojuego”.

El tercer nivel, el más difícil para el éxito: lograr ser un verdadero juego en línea. Ese eje lleva al debate sobre si provoca violencia o ayuda a los chicos a relacionarse.

“Es una ventaja que se juegue en grupos de amigos en vez de contra gente que jamás vieron o contra una computadora. Que se griten o insulten es equiparable a cuando juegan al fútbol. El tema es que en el partido de fútbol o en Fortnite los padres tienen que supervisar que la violencia verbal no escale y avisar cuando están cruzando el límite”, agrega Alvarez.

“Si lo expulsan no pueden volver a jugar. He tenido llamadas telefónicas de mi cuñada pidiendo que no expulsaran a alguien que es compañerito de mi sobrina”, aporta Fernanda.

La final para ser “el videojuego de la historia”, la explica Laura, mamá de Ramiro (9). “Cuando apareció el álbum de Fortnite, él y sus amigos lo vieron y se tiraron desesperados encima de la vidriera”. El juego ya salió del dispositivo. El último que quedó vivo, hoy, es Fortnite.