Buenos Aires 2018: Récord histórico de espectadores en los Juegos de la Juventud

Este sábado, hubo 86.000 fanáticos de los deportes que coparon los Parques, algunos de los cuales debieron cerrarse. Sólo al principal de Villa Soldati fueron 30.000 espectadores. A los Juegos ya asistieron 500.540 personas, por lo que si se les suman las 200.000 de la ceremonia inaugural, ya se batió la marca de 610.000 de Nanjing 2014.

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Si Hollywood tuvo sus Juegos del Hambre, Buenos Aires tiene sus Juegos de la Gente. Cualquier dron podría captarlo a la perfección: vistos desde arriba, cada uno de los cuatro Parques olímpicos lucen como verdaderos hormigueros. El furor por el deporte es total y no distingue culturas, edades ni géneros. Y este sábado se vivió un día fenomenal en Buenos Aires 2018.

Hubo 86.000 fanáticos de los deportes que coparon los Parques, algunos de los cuales debieron cerrarse. Sólo al principal de Villa Soldati fueron 30.000 espectadores. A los Juegos ya asistieron 500.540 personas, por lo que si se les suman las 200.000 de la ceremonia inaugural, ya se batió la marca de 610.000.

El buen tiempo y el fin de semana largo llevaron a esa afluencia masiva de público con el Pase Olímpico. Pero también generaron que se cerrarán el Parque Olímpico, el Parque Sarmiento, el Club Hípico Argentino y la sede La Boya del CASI. Con paciencia, se les explicaba a quienes habían quedado afuera que entrarían sólo al salir otros de adentro. Fue una situación excepcional. Y se estima que podría pasar lo mismo este domingo y lunes.

Facundo Díaz Acosta estaba por jugar por la medalla dorada en un Buenos Aires Lawn Tennis Club repleto y con 500 personas sin poder entrar. Afuera se formaron largas filas de público y hubo nerviosismo cuando un hombre que argumentó una discapacidad pidió que lo dejaran pasar. Los voluntarios le explicaron que no podían porque la capacidad estaba colmada y cuando el señor le gritó a una trabajadora de los Juegos, la seguridad se lo llevó.

A las 9.30, Martín Leguizamón, con un grupo de amigos, llegó a ese estadio y pudo ingresar sin mayores inconvenientes. Uno de la troupe, rezagado, arribó una hora más tarde y se perdió la definición. Desde ahí se fueron al Parque Sarmiento a ver beach handball. No corrieron igual suerte, pero se quedaron a ver los partidos por el bronce y el oro que involucraron a los chicos argentinos en pantalla gigante.

Es que ese Parque hubo cola desde las 6.30 sobre la avenida Triunvirato y se quedó afuera de las tribunas mucha más gente de la que entró. Muchos de los voluntarios explicaban que no había lugar, pero la mayoría prefirió quedarse en su lugar hasta casi último momento, con la esperanza de poder entrar.

Lucía es de Mercedes y a las 12.20 era la última De la fila. “Es difícil hacer una cola así, pero no me molesta -dijo-. Al contrario, me gusta que tanta gente venga a ver deporte. Fui al Parque Verde, donde no tardé nada en entrar, y al Olímpico, donde tuve que hacer una fila de dos horas para ver natación y de una para el hockey. Aunque en el natatorio terminé sentada en las escaleras…”.

Los 600.000 pedidos que se hicieron vía web para obtener la pulsera gratuita que permitía el ingreso a los predios superaron cualquier expectativa. El viernes se determinó que no se entregarían más pulseras a quienes vivieran en Capital y Gran Buenos Aires y no las hubieran recogido. Sí podrán recogerlos quienes llegaran de otras regiones.

“Vinimos hace media hora y no avanzamos nada. Unos metros, nada más -contó Javier, que vino desde Quilmes con su hermana, su sobrino y un amigo del pequeño-. Ya me veo venir que no voy a poder entrar”.

Bastante más adelante, Leonardo y su familia esperaban desde las 9.30. Él se sumó a su esposa y sus hijos, que hacían la fila mientras esperaban que comprara algo para comer. “Es bastante caro, teniendo en cuenta que es algo básico”, dijo el hombre, mientras repartía hamburguesas y gaseosas entre sus acompañantes: Verónica, Bianca y Ailín, que agregó: “Soy amiga de una de las Kamikazes, así que no pienso irme sin verlas”.

Luciano y Martina viajaron desde Necochea, el jueves, para ver tanto deporte como se pudiera. Pasaron tres veces por la sede de Sarmiento, aunque también por Tecnópolis. “Si hubiéramos venido a las 7, estaríamos adentro, pero llegamos 9.15…”, reconoció el muchacho.

Agapornis y Oriana Sabatini fueron convidados de la fiesta en el Parque Olímpico de Villa Soldati, donde se desarrollan la mitad de las competencias de Buenos Aires 2018. Cerca del mediodía, la organización decidió que no sólo limitará el ingreso a los pabellones, sino al parque mismo.

Muchos clubes organizaron viajes especialmente para ir a alentar a los atletas de sus disciplinas. Pasó con Sedalo o las de las distintas Sociedades Alemanas, pero también las de gente que vino desde Río Negro.

La misma estrategia había puesto en marcha el viernes un grupo de amigos nadadores de La Plata para llegar al Parque Olímpico. “Salimos a las cinco y media de la mañana. Llegamos, vimos las series de natación del primer turno y cuando terminaron, vinimos derecho a ponernos otra vez en la cola para la final”, contó Rodrigo. Algunos faltaron al trabajo y a la Facultad, mientras que otros directamente pidieron vacaciones para no perderse ni un día de las actividades.

Si tienen que explicar por qué, no lo dudan. “¿Cuántas chances vamos a tener de ver unos Juegos Olímpicos en Argentina? Ésta es una oportunidad única de poder ver en el alto nivel un deporte que nos apasiona y que nosotros practicamos. ¡Y encima es gratis!”, explicó Facundo, resumiendo el pensamiento de todos, mientras el mate pasaba de mano en mano.

Los food trucks estaban llenos. No hubo uno en el que no se formara fila. Como si no fuera suficiente para entrar a las tribunas… En estos camiones que ofrecen comidas y bebidas, los sánguches de bondiola o afines cotizan a un mínimo de 180 pesos.

Claudia, de Villa Urquiza, le puso palabras a una sensación común a gran parte de los asistentes: “Me parece buenísima la idea de que se haya entregado gratis la pulsera porque éste es un evento único para Argentina. Pero creo que tal vez deberían haber puesto un cupo para la cantidad de pases, porque a veces es imposible entrar a ver algunos deportes. Creo que no previeron que iba a haber tanta demanda”.

Ante la imposibilidad de entrar y las pocas ganas de hacer la fila, Mariano, que llegó de Merlo, y Nahuel, de Marcos Paz, optaron por cortar camino e intentar ver beach handball desde las vallas que se ubican detrás del único arco que no cuenta con una tribuna. Habían llegado a las 9 y asumieron que el ingreso sería un imposible. Metieron un verdadero pleno: si bien tendrán delante las cámaras y la zona mixta de prensa, quedaron junto al vallado, en la zona más cercana. Para la situación generalizada, ese hueco cobraba valor VIP. “Ahora no nos mueve nadie”, remarcan.

Y así es la vida en los parques de los Juegos Olímpicos: se trata de sobrevivir y estar dispuesto a esperar con suma paciencia. El premio es grande: ver de cerca a alguno de los atletas del futuro.