BREXIT. May pedirá tiempo al Parlamento

La premier británica Theresa May insiste en la estrategia de ganar tiempo de cara a la búsqueda en el Parlamento de lograr un acuerdo nuevo con la Unión Europea sobre el Brexit, en especial para el mecanismo de ‘backstop’ sobre la frontera entre las Irlandas.

 

Además les pide a los legisladores el aplazamiento de una nueva votación a fin de febrero sobre la ratificación.

 

La confirmación llegó hoy a través de James Brokenshire, uno de los ministros más cercanos a la premier conservadora, que entrevistado por la BBC en el programa político dominical admitió lo que todos saben. O sea que pensar en poder cerrar la jugada apenas reabierta con Bruselas en dos o tres días es inverosímil.

 

En esa línea May se limitará a invocar entre miércoles y jueves el enésimo reenvío, condimentado de la promesa de someter a la votación “a lo más tarde el 27 de febrero” una “moción corregible” para someter finalmente al veredicto que cuenta.

 

El mundo de los negocios no se confía, como confirmó hoy mismo la líder de la CBI, la Confederación Industrial Británica, Carolyn Fairbairn, evocando desde las pantallas de SkyNews a un país en “zona de emergencia”. Como trasfondo de la “sensación de un iter parlamentario a la parálisis” y del peligro creciente de un “no deal”: el traumático divorcio sin acuerdo al cual muchos observadores siguen no creyendo, pero que amenaza con estallar automáticamente si alguna solución concreta no es aprobada antes del 29 de marzo, fecha fijada para la salida del Reino Unido del bloque.

 

Mientras nada confían el resto de la oposiciones en el Parlamento y un poco los disidentes de la línea May, listos a reabrir de inmediato la batalla de las enmiendas.

 

Downing Street no está tanto preocupado, al menos por ahora, por lo preanunciado en The Observer por un grupo de laboristas y conservadores rebeldes pro-Remain como para probar la salida final de un segundo referendo que por ahora parece no contar ampliamente con los números en Westminster.

 

Pero podría ser lo impulsado por Keir Starmer, responsable del Brexit en el gobierno de la sombra de Jeremy Corbyn, el cual teme que May pueda avanzar en realidad y pueda ganar tiempo más allá de febrero, para luego imponer en el Parlamento un ultimátum, a pocos días del 29 de marzo, entre el acuerdo que en ese momento debería tener en mano y el fantasma del “no deal”.

 

Y apunta a bloquear a la premier sino más allá del 26 de febrero como último plazo para someterse al “voto de confianza”, dejando en caso de rechazo en la misma Cámara de los Comunes el poder de representar y eventualmente aprobar propuestas distintas.

 

Empezando por la ya formalizada de Corbyn de un Brexit más “soft”, destinado, entre otras intenciones, a mantener todo el Reino Unido en una unión aduanera.

 

Un giro hipotético, dado también las divisiones internas en el Laborismo, pero que donde sea bendecido por una mayoría transversal no podría no relanzar las ambiciones del “compañero Jeremy” hacia Downing Street.