Boca y Vélez no se sacaron ventaja y en la Superliga hay 13 equipos separados por 6 puntos

Mauro Zárate fue el centro de la atención de parte de los hinchas locales.

Con poco fútbol y un clima cargado de nerviosismo, juego fuerte y demasiadas protestas, Vélez Boca ​no se sacaron ventajas. Los últimos tres partidos entre ellos terminaron 0-0 y, de los dos, otra vez el equipo de Gabriel Heinze se queda un fuerte sabor amargo. Con el punto, el equipo de Gustavo Alfaro alcanzó a Lanús Argentinos en lo más alto. El de Liniers quedó a tres de lo más alto, en una seguidilla de tres empates seguidos por 0-0 y una preocupante falta de definición.

Esta igualdad dejó al rojo vivo la lucha por la Superliga, porque hay nada menos que 13 equipos separados por apenas 6 puntos.

El clima hostil inicial contra Mauro Zárate, los frescos partidos de la Copa de la Superliga que dejaron algunas cuentas pendientes y las ganas de ganar de ganar sí o sí para no discutir los puestos en el liderazgo generaron un clima pesado entre los protagonistas, que empobreció el juego.

Boca se preocupó más por cortar los circuitos de juego de Vélez que por potenciar la capacidad creativa de sus tres hombres en ofensiva: Bebelo Reynoso, Alexis Mac Allister y el silbado Zárate. Frank Fabra, que contra Arsenal hizo dos goles y todo el tiempo pasó el ataque, esta vez recién cruzó la mitad de la cancha a los 35 minutos.

La intensidad en la presión de los de Heinze los llevó a cometer faltas de puro atolondrados (diez en el primer tiempo). Y con las protestas en las tribunas por las supuestas recuperaciones lícitas, los jugadores se la pasaban reclamándole todo el tiempo a Patricio Loustau. También los de Boca. No fue sencillo el partido para el árbitro, porque se pegaron y protestaron demasiado.

En este panorama, una mosca blanca: Fernando Gago. El volante siempre quitó sin faltas y distribuyó el juego con claridad. Vélez jugó como siempre, con posesión de balón, dinámica, triangulaciones y variantes de ataque. Pero no logró ser preciso en su juego.

Alfaro edificó la fortaleza de su equipo de atrás hacia adelante. Propuso un 4-3-2-1 inusual, con Capaldo, Marcone y Almendra. Intentó salir jugando de abajo, pero después se cuidó ante la presión local. Esperó un error de Vélez para lastimar con sus tres armas ofensivas. Nunca llegó.

Las jugadas de peligro fueron en cuentagotas. Tal vez la más clara fue un tiro libre de Leandro Fernández desde la izquierda, que se metía en el ángulo y Esteban Andrada la mandó al córner. De Boca, un remate de Alexis Mac Allister, tras una buena combinación de Capaldo, se fue desviado.

Lo mejor del partido se vio en los primeros 15 minutos del segundo tiempo. Boca apostó a jugar con Bebelo Reynoso y puso en aprietos el arco de Domínguez, que salvó tres veces ante Zárate. También estuvo cerca el local, que decidió saltar líneas para aprovechar la velocidad de sus extremos. Primero un remate de Leandro Fernández besó el travesaño y luego hubo una enorme jugada de Bouzat de derecha hacia adentro, que dejó tres en el camino y remató un zurdazo que se fue apenas desviado.

Pero fue un espejismo, porque el juego brusco y trabado continuó. Las protestas airadas se repitieron. Fabra pagó los platos rotos, bien expulsado por dos faltas a Bouzat: la primera apenas empezó la etapa y la siguiente a los 15. Pero antes, Domínguez, amonestado, cortó una salida rápida de Andrada y Loustau, en el mayor error de la noche, lo perdonó. Le protestaron muchas infracciones y algunos penales: un toque de Gago a Zárate fue el que mayores dudas dejó.

Alfaro movió el banco enseguida para reforzar la línea de fondo. Metió a Junior Alonso y resignó a Mac Allister. Vélez empezó a acorralar a su rival, ahora con diez, buscando ese gol que nunca llegó. Entraron Thiago Almada por Robertone y Maxi Romero por Fernández para refrescar el ataque. Desbordó Bouzat por derecha y el cabezazo de Janson por el otro lado se fue desviado.

Vélez trató de buscar el gol con un poco más de prolijidad y paciencia. Pero Boca se abroqueló bien atrás. Esa es una de las fortalezas del equipo de Alfaro. Con un arquero que pocas veces falla. El local buscó entrar al área por todos los medios; lo tuvo Thiago Almada, pero remató mal y mordido.

El remate de media distancia no es un arma que utilice Vélez. Pero una acción final de Gago, que siempre trató de ser el más claro en el juego, fue una instantánea de la impotencia local: sin pase, probó desde afuera del área, pero el remate se fue desviado. También hubo una media vuelta de Maxi Romero, que Andrada mandó al córner para terminar de ser la figura.

En la lucha, en la fricción, Boca se siente cómodo y se va conforme con el punto. En el dominio de la posesión del balón, Vélez paga cara su falta de gol.

HS