La guerra en Siria lleva cinco años y hace dos que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) abandonó el esfuerzo de contar sus muertos. Las estimaciones rondan el medio millón, mientras que otros cinco millones de sirios han escapado a los países vecinos y a Europa.
El caos que el presidente Bashar al-Assad ha desatado para mantenerse en el poder luego de la Primavera Árabe contribuyó al crecimiento del Estado Islámico.
Pero el terrorismo que genera Siria no es atribución exclusiva del grupo yihadista más sangriento.
Según un grupo internacional e independiente de investigadores de los crímenes en Siria, la Comisión Internacional por la Justicia y la Imputabilidad (CIJA), el problema principal es el terrorismo de Estado de Al Assad.
Tienen pruebas: toneladas de papeles con el águila dorada y la firma en verde donde la Célula de Crisis del presidente sirio daba las órdenes a los represores en el territorio nacional, y con las rendiciones de cuentas de esos inferiores a sus altos mandos.
EL INFORME VINCULA LA TORTURA Y EL ASESINATO SISTEMÁTICOS DE DECENAS DE MILES DE SIRIOS A UNA POLÍTICA ESCRITA APROBADA POR EL PRESIDENTE AL-ASSAD
En un artículo que acaba de publicar The New Yorker, el experto en la guerra siria Ben Taub sintetizó: “El trabajo de la comisión culminó hace poco en un informe de 400 páginas que vincula la tortura y el asesinato sistemáticos de decenas de miles de sirios a una política escrita aprobada por el presidente Al-Assad, coordinada entre sus agencias de seguridad e inteligencia e implementada por los oficiales del régimen, que informaban sobre el éxito de su campaña a sus superiores en Damasco”.
Los documentos que la CIJA saca con mucho riesgo de Siria —y hasta que evalúa que es seguro hacerlo, los acumula enterrados, o en cavernas, o en casas abandonadas— “ofrecen un registro de la tortura autorizada por el estado que es casi inimaginable por su alcance y su crueldad”, escribió el periodista en “The Assad Files” (“Los expedientes de Assad”). Los sobrevivientes que escaparon de Siria han contado sobre los golpes, las quemaduras de cigarrillos, la picana eléctrica, la sodomización con objetos, la mutilación. Y las muertes. “Pero nunca se los había rastreado hasta su origen en órdenes firmadas”.
Lo que la CIJA se propone es, por lo tanto, algo que no se ha hecho en el mundo hasta el momento.
Supera lo que se vio en Nuremberg o en los Balcanes.
Se trata de documentar los crímenes de guerra en tiempo real para comprometer legalmente a los perpetradores antes de que destruyan las pruebas.



