Una promesa que no puede ser cumplida…y van…

Con la declaración del Presidente sobre la necesidad de 20 años para terminar con la pobreza en nuestro país, se ramifican las conclusiones que podríamos hacer.

 

Una de ellas es que Macri parece renunciar a uno de los ejes de su campaña. Una promesa que sostuvo a viva voz desde que inició su carrera  a la Presidencia. Cualquiera podría preguntarse ¿es sólo una rectificación de fechas o la renuncia efectiva a esa meta?¿será que en el fondo lo sabíamos pero quienes lo eligieron en las urnas prefirieron creer de todas formas?¿un candidato gana con una promesa o Macri ganó gracias a un conjunto de situaciones que lo llevaron a la victoria?¿creerá Mauricio Macri que puede llegar a estar en el poder en 20 años y allí cumplir con lo prometido?

Si 20 años no son nada, como dice la canción, podríamos darle el beneficio de la esperanza nuevamente a esta gestión, pero en nuestro país -en el que estamos acostumbrados a la incertidumbre total de aquí a la próxima semana- poco podemos asegurar que nos deparará (acaso) el destino para 2037.

Podríamos pensar que el Presidente adelanta la posibilidad de la derrota en las próximas elecciones. O bien no la victoria que esperaría obtener. Quizás por ello la renuncia a su meta en campaña le pareció conveniente en esta instancia. Con la  intención de aclarar el panorama a los argentinos, en ese plan de “hablarnos claro”, especula también con sostener la confianza que muchos aun tienen a su gestión. Siempre en términos de la comparación y la ventaja respecto a la anterior, que le provee a su propia administración.  

Quizás realmente fue muy distinto lo que “encontraron” tras la salida del kirchnerismo del poder, ese “estado del Estado” los impactó y planteó la revisión de objetivos que tenían –nunca explicitados sino sólo con enunciados abstractos, como lo fue “pobreza cero”. Quizás nadie –ningún ciudadano- haya creído realmente en el éxito de una promesa de esa naturaleza, pero la idea no se abandona por el simple hecho de mostrarse casi imposible.

Un candidato obtiene la victoria en nuestro país por una variedad compleja de factores que se conjugan y dan el resultado. La imagen, el discurso, las promesas, lo que hace uno y lo que hace “el otro” –oponente, adversario político-, todo cuenta a la hora de emitir el voto. Cambiemos prometió ser distinto y hacen esfuerzos para demostrarlo, aunque en muchas situaciones no puede evitar equipararse. De todas formas, “Cambiemos” fue lo que impactó de manera positiva en el colectivo que le dio a Macri el “sillón de Rivadavia”(aunque éste sea en realidad el de Roca).

A un año de gestión las cosas parecen verse complicadas para el equipo de gobierno. Quizás el principal eje rector de esta nueva gestión (“el Cambio”) haya perdido relevancia cuando el bolsillo de los ciudadanos –sobre todo de la clase media, que se entiende ha sido el principal apoyo a esta administración- se siente agobiado entre tantos aumentos de tarifas, servicios y productos.

Que la economía no demuestre repuntes, que no se demuestren alivios a la situación de los trabajadores, que la comunicación de gobierno no mejore y sigan dando pasos en falso, con marcha y contramarcha, desgasta a un gobierno que necesita sumar y no lo consigue.

Es un año electoral, el planteo va a ser complejo por donde lo veamos, hacen falta más hechos concretos que meras palabras, simples enunciados o puras promesas. Más aun, deberían empezar a cumplir con alguna de ellas, para realmente refundar la confianza o sostener el apoyo político para un mandato que tiene aún tres años por delante. De lo contrario, malos augurios para Cambiemos en su intención de superar lo que las encuestas ya avizoran.