Una multitud reclamó en Barcelona la liberación de los independentistas presos

La marcha reunió a cientos de miles de personas. Estuvieron los familiares de los líderes encarcelados.

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A nadie le faltó su cinta amarilla, símbolo del independentismo, que este sábado fue consigna de esta marcha por la liberación de los ex miembros del gobierno de la Generalitat y de los líderes de organizaciones sociales independentistas, que están presos fuera de Cataluña por haber intentado declarar una república.

De tela, de gros, de plástico para hacer moñitos, de papel crepé. Unas 750.000 personas, según estimó la Guardia Urbana de Barcelona, marcharon con el lazo amarillo en esta manifestación que tuvo el lema “Libertad presos políticos. Somos república”.

Por primera vez, los familiares de los ex consellers del Govern catalán, incluido el ex vicepresidente Oriol Junqueras, y de los presidentes de las agrupaciones organizadoras de la movilización -Jordi Sánchez, de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), y Jordi Cuixart, de Òmnium Cutural- participaron juntos, liderando la marcha en una “cabecera de honor”. Los seguía otra pancarta detrás de la cual marcharon algunos referentes políticos, no todos del independentismo, como la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y dirigentes de Esquerra Republicana, del PDeCAT y de la CUP. Por recomendación de su abogado, no participó de la manifestación la ex presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, quien luego de pasar una noche en prisión, pagó una fianza de 150.000 euros y volvió a su casa el viernes.

Desde Bruselas, donde vive en libertad condicional, el ex presidente Carles Puigdemont grabó un mensaje en el que exhorta al pueblo catalán a seguir movilizándose. “Le mandamos un mensaje claro al Estado español -dijo el ex presidente catalán-, así no podemos continuar. Digamos que hay un pueblo en pie, digno, que no quiere barrotes sino que quiere hacer eso que le es permitido a la mayoría de los pueblos demócratas del mundo, que es decidir libremente su futuro y decidirlo en las urnas”.

Caretas caseras con la foto de Puigdemont, niños que llevaban la estelada, la bandera independentista catalana, atada al cuello como si fuera una capa de superhéroe, ataúdes de cartón para la democracia, barrotes de prisión con los nombres de todos los detenidos y la inscripción “Yo también soy uno de ellos”. Esta vez, en la mayor movilización independentista desde el 11 de septiembre, fecha que Cataluña celebra como su fiesta nacional, el cotillón soberanista se esmeró como nunca.

Pero a pesar de la marcha multitudinaria, que sumó casi mil ómnibus que trajeron catalanes desde varios rincones de esta autonomía intervenida por el artículo 155 de la Constitución, el independentismo sigue sin ponerse de acuerdo sobre cómo se presentará en las elecciones forzosas del 21 de diciembre.

El que mejor ranquea entre los separatistas para ganar las elecciones es Junqueras, quien también envió un mensaje que fue leído en la marcha: “Estamos lejos de todos y todo, aislados, encerrados, haciendo de tripas corazón porque no es fácil. Duele y nos han querido hacer daño -mandó decir Junqueras-. ¿Cuáles son los sueños que dan miedo a los herederos del franquismo con el vergonzoso apoyo del PSOE? Romper con un pasado de represión. Somos la semilla de la República y si perseveramos lo conseguiremos. Somos el viento fraternal que hará posible el amor a la libertad”.

Sobre el escenario, un grupo de violonchelistas tocó El Cant dels Ocells, la canción tradicional catalana que el notable violonchelista Pau Casals interpretaba siempre que podía, y la multitud fue silencio.

Cuando oscureció, los celulares se volvieron antorchas. Y al tiempo que la manifestación se transformaba en un resplandor, estos miles de personas conocían la voz de Marta Turull, hija del ex conseller de la presidencia y portavoz del Govern, Jordi Turull; los ojos tristes de Anna Forn, hija del ex ministro del Interior de la Generalitat, Joaquim Forn; el gesto angustiado de la mujer del ex conseller de Territorio y Sostenibilidad, Josep Rull. Todas ellas leyeron mensajes de sus familiares encarcelados.

“Nuestro cuerpo está en la cárcel pero nuestro compromiso está con vosotros. No renunciaremos a nuestros ideales. Os imploro unidad, nuestra división es la gran esperanza del Estado”, dijo Turull a través de su hija.

“Por muchos muros que pongan nos llega, vuestra esperanza es nuestra libertad”, leyó Anna en nombre de su papá. “Se equivocan los que creen que pueden encarcelar el Govern legítimo de un pueblo”, fueron las palabras que Rull puso en boca de su mujer.

Recién llegados en tren desde una ciudad a 40 kilómetros de Barcelona, dos matrimonios de jubilados se hacían la primera selfie en medio de la multitud. “Siempre nos hacemos una así nos queda de recuerdo”, dijo María Cristina, esposa de Ramón. “Hemos venido aquí porque queremos lo mismo que ustedes, los argentinos, han logrado hace mucho tiempo: independizarnos de España”, dijo Pepe, mientras su amigo Ramón le festejaba el comentario.

A las 19:15, como cierre, los violoncelistas tocaron los acordes de Els Segadors. La multitud cantó el himno catalán que de tan solemne suena a lamento fúnebre. Las luces de los celulares danzaron en la oscuridad con la melodía.