Tener “cuerpo de manzana” aumenta el riesgo de sufrir severas enfermedades

De acuerdo a un estudio reciente, la grasa abdominal conlleva un potencial peligro de desarrollar patologías cardiovasculares y diabetes de adulto.

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Un nuevo estudio evaluó la relación entre el nivel de grasa corporal y el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y diabetes de adulto. Los resultados marcaron que hay un estrecho vínculo entre ambas condiciones.
“La distribución de la grasa corporal varía según las personas: algunas la almacenan en su abdomen y otras alrededor de sus caderas y nalgas”, señaló el doctor Sekar Kathiresan, profesor adjunto de medicina en la Universidad de Harvard y autor principal del estudio, publicado en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA).
“Hemos observado desde hace mucho tiempo una correlación entre la adiposidad en el estómago y las patologías cardiometabólicas, pero sin poder hasta ahora establecer la relación de causa-efecto”, dijo.
“Este estudio determinó que las predisposiciones genéticas a la adiposidad abdominal aumentan el riesgo de diabetes del adulto y de enfermedades coronarias”, además de otros factores como la dieta, el tabaquismo y la falta de ejercicio físico, explicó el profesor Kathiresan.
El estudio muestra que las predisposiciones genéticas que hacen tener un índice cintura-cadera alto, aumentan el riesgo de tener tasas excesivas de colesterol, glucosa o una presión arterial alta. El riesgo de diabetes tipo 2 o del adulto es también más importante, detallaron los científicos.
Estos resultados sugieren además que la distribución de la grasa en el cuerpo, más allá de la simple medición del índice de masa corporal (IMC), puede explicar en parte las variaciones en el riesgo de diabetes del adulto y de enfermedades cardiovasculares en diversos grupos y subgrupos de la población.
El índice cintura-cadera ajustada por el IMC puede ser útil como un biomarcador para los tratamientos, permitiendo prevenir la diabetes tipo 2 y las enfermedades coronarias en personas con las predisposiciones genéticas para un cuerpo con forma de “manzana”, estiman los investigadores.