Resolver es gobernar

Para recobrar el clima de gobernabilidad que se le ha escapado al Gobierno Nacional, es necesario, urgente, resolver los conflictos sociales que tenemos en agenda.

 

Dar prioridad a ellos: docentes, clases, CGT, fútbol, parece ser la clave. Resulta inaudito que el fútbol sea parte, pero así es. De un lado la “lucha” o la decidida extorción sindical, depende de la perspectiva con que se mire, del otro el Gobierno intentando hacer un “buen papel” medianamente, en este año electoral.

No hay compromiso con la transparencia más que en los discursos. El caso del fútbol es todo un paradigma de esta terrible falencia, pero los docentes también en tanto que los sueldos docentes tienen sumas que no terminan de ajustarse a la legalidad, la capacitación y calificación por desempeño tampoco es idílica.

Pero elegimos (eligen, quienes nos representan) perdernos en debates poco fructíferos, de donde no sacamos más que soluciones superficiales, acuerdos transitorios, sin ocuparnos de las verdaderas discusiones que nos debemos como sociedad. Parte de nuestras deudas.

El fracaso de la escuela pública, la deserción escolar, el aumento de los “ni, ni” que se vuelve exponencial, la misma situación de la calidad educativa que sobrelleva una tendencia atroz en picada. Y en el medio de todo ello, nos preocupa el fútbol. Se entiende perfectamente que a nuestros gobiernos les sirve el “pan y circo” pero si realmente iban por “el oro” o quieren trascender, qué mejor que ocuparse consciente y seriamente de resolver pensando en el verdadero crecimiento de nuestro país. Será que resulta difícil llevar adelante un plan que mejore o de inicio al menos al mejoramiento de la calidad educativa.

Limitar el debate a la calidad o cualidad de representante de Roberto Baradel o a los voluntarios dando clases, como a la suma sideral que pagamos todos por el fútbol (lo cual resulta una estafa más al pueblo argentino) no avanza sobre los temas a los que realmente deberíamos dar más profundidad. Y la cuestión resulta difícil porque implica mirarnos como sociedad. Ver cómo están dadas las cosas y preguntarnos qué hicimos para llegar a esto.

Una tarea realmente compleja. Debate que no estamos dispuestos a dar con esa seriedad que se merece.

Cambiemos busca resolver, de nuevo, así como todo el año pasado, lo superficial. Salvar la situación para dar indicios de que todo esta bien y seguimos avanzando. Quizás nos cabe la responsabilidad por no dar el tiempo y necesario para buscar verdaderas y más duraderas soluciones. Queremos creer en “el cambio” y confiamos en el término abstracto que conquistó las urnas en 2015. Pero ¿estamos dispuestos?¿es el momento?¿esta gestión es el cambio?

Hoy Gobernar no es poblar, hoy gobernar o dar señales de gobernabilidad pasa por desviar la atención y suturar “como se pueda” el desacuerdo con los gremios. El miedo: quedar debilitados en el intento. Acceder al pedido gremial sin más, es dar señales de debilidad. No poder llegar a acuerdos podría implicar la extensión de la crisis en un año en que las elecciones son importantes más allá de los efectivos resultados traducidos en puestos. La elección importa por el simbolismo, después de todo una victoria -inclusive a medias- puede significar aire nuevo para una gestión que a un año, por momentos da signos claros de agotamiento. No por nada el “no aflojemos” de Mauricio Macri en las redes sociales.

Gobernar es resolver. Lo realmente importante es cómo y hasta cuándo. Resolver superficialmente es reiterar el problema más adelante, así fuera el próximo año, donde se vuelve a re editar el mismo conflicto. Pero por ahora inclusive eso, le es funcional a la administración M. Aunque así las cosas no impliquen una verdadera apuesta al “bien común” de quienes habitamos este bendito suelo.