Presos se fugan de una cárcel en obras en Brasil

La secretaría de Justicia y Ciudadanía de Ceará sólo informará del número de fugitivos una vez que se concluya el recuento de los internos, según un comunicado.

Un grupo de presos se fugó este miércoles de una cárcel en obras en Brasil, a la que fueron trasladados como medida de seguridad, después de la ola de motines en la que murieron 18 reclusos, informaron fuentes oficiales.

 

La fuga se produjo en el centro de ejecución penal e integración social, una nueva unidad en el complejo penitenciario de Itaitinga, en el estado de Ceará (noreste), adonde se trasladaron 500 presos para evitar nuevos conflictos como los de los últimos días.

 

La secretaría de Justicia y Ciudadanía de Ceará sólo informará del número de fugitivos una vez que se concluya el recuento de los internos, según un comunicado.

 

El organismo del Gobierno regional tampoco explicó cómo se produjo la fuga y si esta está relacionada con el hecho de que las obras de construcción de la cárcel no han sido concluidas.

 

Los presos trasladados al nuevo penal habían sufrido amenazas por parte de otros reclusos, por lo que las autoridades decidieron su traslado como medida de seguridad.

 

Los disturbios se produjeron entre el sábado y el lunes pasado en cinco cárceles ubicadas en la región metropolitana de Fortaleza, la capital regional, y coincidieron con una huelga de agentes penitenciarios.

 

Diez de los 18 fallecidos fueron carbonizados durante los enfrentamientos, en los que se produjeron incendios y cuantiosos daños en las instalaciones de las cinco cárceles afectadas.

 

Los motines, que comenzaron el sábado, coincidiendo con la huelga de 24 horas que realizaron ese día los agentes penitenciarios de Ceará, y en la mayoría de los casos fueron controlados el domingo.

 

Las revueltas, al parecer, fueron una reacción a la decisión de los carceleros de prohibir las visitas de familiares de presos, como una medida de presión en el marco de su huelga de 24 horas, que tuvo lugar el sábado, en la que demandaban una subida salarial.

 

La Comisión Pastoral Carcelaria de Ceará achacó las rebeliones a la “histórica falta de inversiones y de diálogo” en el sistema penitenciario brasileño, que repercute en la “constante violación de derechos humanos”, lo que incluye problemas como insalubridad, hacinamiento y “violencia contra los presos y sus familiares”.