Panorama Política Exterior

Cuando escasean otros recursos, el pragmatismo es la mejor herramienta.

En política el pragmatismo tiene un fundamento filosófico, el de la idea de que el criterio válido para juzgar el valor o la verdad de decisiones, acciones, es tener en cuenta los efectos, los resultados de las mismas.

Macri especuló con la posibilidad de la victoria en Estados Unidos de Hillary Clinton y por ello no dudó en mostrar su apoyo a la candidata demócrata, junto a ello la visita de la entonces familia presidencial de Obama, que significó un nuevo planteo de la visión de nuestro país respecto a EEUU, muy diferente a la de la pasada etapa kirchnerista.

La grieta estuvo presente en aquella visita, en tanto voces a favor y en contra se expresaron por lo que se creía serían las nuevas “relaciones carnales” con el país del norte. Aquella especulación basada en lo que dictaban las encuestas de una victoria para quien hubiera sido la primera mujer en el cargo para Norteamérica, fallaron en el pronóstico y quedamos así expuestos a una relación tensa con el magnate que consiguió la presidencia.

Donald Trump ha sido altamente polémico durante toda su campaña, su discurso, su imagen, las acusaciones, en su asunción efectiva provocó también polémica por sus comportamientos para con la Primera Dama, Melania, donde muchos analistas vieron actitudes al menos poco caballerosas y las redes sociales se encargaron de explotar esas situaciones.

Lo más importante es que existen distintas vertientes de protestas en contra del gobierno de Trump y él va haciendo méritos para que se desarrollen, dadas las medidas políticas que va implementando y los discursos que sostiene.

La Comunidad Internacional está atenta al desenvolvimiento de su accionar y todos, incluso nuestro propio Presidente,  guardan la ilusión, al menos es lo que expresan on de record, de que los ánimos del magnate se apacigüen y logre mayor estabilidad y distensión el clima de negociaciones.

El –para algunos- “error” en apoyar a Clinton en primera instancia, tuvo sus costos políticos, sumado a la “mala relación” preexistente entre nuestro representante y el de la Casa Blanca. Se dice que chocaron por negocios en Manhattan en los noventa, cuando Macri perdió un negocio en aquella oportunidad y se lo cobró más tarde no permitiéndole a Trump construir sus famosas torres en Buenos Aires. Ahora Trump prohibió la importación de limones de Argentina a EEUU, que había sido autorizada por Obama.

Estas idas y vueltas de “pocos favores” prevén que la relación con los Estados Unidos no necesariamente va a ser carnal. Y ese país tiene la particularidad de –por historia y experiencias- significar mucho para Argentina en lo simbólico e ideológico.

El pragmatismo de Macri –quizas previendo también la dificultad del relacionamiento con Trump- se muestra en la comunicación con los mandatarios latinoamericanos a fin de intentar estrechar lazos o afianzar acuerdos. Llamó a su par mexicano, Peña Nieto, para solidarizarse con el pueblo mexicano debido al enfrentamiento de EEUU con ese país; se reunió con su par brasilero, M. Temer e hicieron declaración de buenas intenciones; invitó a Evo Morales (Bolivia) a ver un superclásico en el mes de abril, para sanear las controversias por las medidas y comentarios polémicos de los últimos tiempos sobre los extranjeros en nuestro país;  planea visitar Chile, donde se reunirá con Bachelet, todos lazos que no puede darse el lujo de perder si quiere consolidar el sur americano.

La relación con Venezuela es un tema aparte, así como la situación del MERCOSUR, a la cual en los enunciados de un discurso puede parecer que quieren prestar atención, mientras que en lo efectivo, aun no consiguen encontrar la clave para hacerlo y el fortalecimiento del mercado que integramos no llega.

El pragmatismo político podría aportar a tener buenas perspectivas con nuestros vecinos latinoamericanos, tener problemas afuera no sería productivo en términos diplomáticos ni económicos, mucho menos ahora que Macri intenta sumar.