MÉXICO. Basta de niños que trabajan

El gobierno de México anunció una estrategia denominada “Campos de Esperanza”, con apoyo del Departamento de Estado norteamericano, que se propone una meta que parece irrealizable: erradicar hacia 2025 el trabajo infantil en este país.

 

El plan busca no sólo apartar a los pequeños de labores sobre todo agrícolas sino también “promover la mejora de las condiciones de trabajo en las comunidades agrícolas migrantes”.

 

“Aunque falta un buen trecho por recorrer, hoy estamos en posibilidad de asegurar que es perfectamente factible que en el 2025 podamos levantar la bandera blanca respecto del trabajo infantil”, anunció Ignacio Rubí Salazar, viceministro mexicano del Trabajo.

 

Las acciones se pondrán en marcha el año próximo en seis municipios de los estados sureños de Oaxaca y Veracruz, dos de los más empobrecidos del país y donde mayor número de niños se dedican a laborar en el campo, para ayudar a sus familias, impidiéndoles acudir a la escuela.

 

En Oaxaca la estrategia, que contará con el apoyo de la organización no gubernamental estadounidense World Vision, será aplicada en Acatlán de Pérez Figueroa, Cosolapa y San Juan Bautista Tuxtepec, mientras que en Veracruz el proyecto funcionará en Astacinga, Atlahuilco y Tehuipango.

 

Al menos 2.000 niñas, niños y adolescentes se beneficiarán con esta iniciativa, que incluye visitas a 2.500 hogares y a centros de trabajo, sobre todo plantaciones de caña de azúcar y café, señaló Silvia Martha Novoa, directora nacional de World Vision México.

 

La cifra sin embargo palidece frente a la abrumadoras estadísticas oficiales, las cuales calculan que en México hay 600.000 niños, niñas y adolescentes en situación laboral, de los que 30% se dedican a actividades agrícolas, pero Oaxaca acapara el 53% del total de niños que trabajan y Veracruz el 40%.

 

El ministerio del Trabajo dio a conocer que se prevé reforzar la vigilancia en el cumplimiento de los derechos laborales en el campo y prevenir y evitar el trabajo infantil.

 

Otra de las metas es “promover el cambio de comportamiento tanto en las comunidades agrícolas migrantes como en los servicios de educación a menores”.

 

Hace un par de semanas, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) denunció la existencia de campos de trabajo agrícola esclavo en el norteño estado de Coahuila, donde se explotaba a indígenas que ni siquiera saben hablar el castellano y los mantenía confinados en estrechos galpones, pagándoles con salarios ínfimos en el norte de México.

 

Un niño de 12 años presentó una queja ante la CNDH en 2015 por haber sido obligar a trabajar en condiciones extenuantes en un campo agrícola de la fértil región ganadera de La Laguna, en Coahuila, donde se producen gran parte de los productos lácteos que se consumen en el país.

 

A raíz de esta denuncia, la CNDH realizó una investigación en la que descubrió “varios campos” de jornaleros donde laboran niños indígenas que sólo hablan las lenguas náhuatl, otomí o tepehua y que fueron contratadas sin documento alguno de por medio.

Se les pagaban apenas 100 pesos o menos (unos 5 dólares) por jornada, pero se les descontaba el monto de la comida.

 

La CNDH indicó que tras demandar informes a dependencias gubernamentales en 2015, 2016 y 2017 pudo constatar que “no existe interés alguno por frenar el fenómeno de la explotación laboral en campos agrícolas”, que incluye en buena medida el trabajo infantil.