Legitimidad de Representación

La pulseada política juega en el discurso y lo que se dirime es cuál relato obtiene la victoria.

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Aires 11 agosto 2017 aparicion con vida de Santiago Maldonado en plaza de mayo foto Rolando Andrade Stracuzzi ley 11723

En un momento muy complejo para nuestro país, donde aparecen viejos discursos rememorando momentos de nuestra historia que quisiéramos dejar atrás, no por ello olvidar. Lo está en juego: la legitimidad de las voces que se escuchan.

La pulseada política juega en el discurso y lo que se dirime es cuál relato obtiene la victoria. La mayor legitimidad -podríamos decir- la dan las urnas. Pero en función del mal llamado “empate técnico” de las PASO, la única legitimidad hasta ahora la tiene la división, la “grieta”.

En estrecha relación con la fecha, 11 de Septiembre y la conmemoración del fallecimiento de un controvertido político argentino como lo fue Sarmiento a quien se le adjudican frases del estilo: “Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar”, sin ánimos de descontextualizar o juzgar su pensamiento, vaya mi oportuno saludo a los Maestros que entregan su esfuerzo diario a tan noble tarea, en el ejercicio de un rol social tan importante.

A propósito también de ello, en el contexto actual tenemos uno de los tantos debates sociales, en este caso de nuevo manifiesto desde lo ocurrido con Santiago Maldonado: la cuestión de las tierras de las Comunidades Originarias. Su reclamo ancestral. Éste que se pone en tela de juicio desde dos posturas enfrentadas, la que defiende tal reclamo y aquella que lo rechaza, argumentando implicancias propias de la defensa de la “propiedad privada” o incluso la procedencia “real” de las comunidades.

El Gobierno Nacional dice tener la intención de organizar la situación sentando bases para ratificar la posesión de tierras habitadas por los pueblos originarios, sumando requisitos para “identificarlos” mejor.

Se planea la institucionalización en la designación de los representantes de los grupos originarios, tomando como antecedente lo ocurrido en la Colonia “La Primavera” (Comunidad Qom) de nuestra Provincia. Donde en 2011 se impusiera -frente a otro candidato- Félix Díaz, con una victoria que lo catapultó a un primer plano en la escena política nacional y la mayor visibilidad por parte de los Organismos de Derechos Humanos.

La situación de las Comunidades Originarias no escapa a la que podemos decir que se plantea en el plano nacional, en el mismo sentido, el poder. La legitimidad de la representación.  

Desde la época de Sarmiento (1860) mucho antes incluso, mucho después también, la cuestión indígena ha sido controversial y polémica. Se llevan adelante intentos de “políticas de inclusión” que no están ajenas a las problemáticas.  Lo difícil de contemplar la inclusión es a veces hacerlo sin prestar atención a la idiosincrasia de cada comunidad. El querer “adaptarlos” a nosotros sin pensar en ellos. Incluso ver la cuestión como un “nosotros” vs “ellos”.

Cientos de años pasaron y el planteo sigue sin resolverse acabadamente. Esto sin desmerecer los esfuerzos de los gobiernos por enfrentar la problemática, sin olvidar tampoco los avances y retrocesos en el tema.

En la mirada de un observador externo debe estar presente el despojo del prejuicio y el interés parcial. Lo cual es muy difícil debido al entendible desconocimiento de las situaciones internas y profundas que atraviesan el relacionamiento de las Comunidades con los propios Gobiernos de las administraciones provinciales.

Todo se confunde, todo oportunamente se puede tergiversar y sigue siendo un tema social que no encuentra resolución.  

Cambiemos trabaja en un proyecto de Ley que de pie a la “organización” del reclamo. Éste sería tratado en el Congreso Nacional el 27 de este mes. Habrá que ver cuán dispuestos están a escuchar en el recinto las voces de los representantes de las comunidades. Porque en definitiva lo que está en juego es esto, la legitimidad de las voces.

Con la cuestión Mapuche surgió de nuevo el enfrentamiento o discusión histórica entre quienes reconocen a la comunidad y quienes no. Como si se pusiera en cuestionamiento la legitimidad misma del reclamo sobre las tierras.

Lo ocurrido con Maldonado puso la discusión en escena. Ahora habrá que ver hasta dónde llega el debate y qué conclusiones podemos sacar del mismo. Lo que queda claro es que se torna cada vez más compleja la decisión sobre la legitimidad de la representación. Éste juego que se da en el ámbito de las Comunidades Originarias así como también en la política misma. Parece que después de todo se trata de quien obtiene la victoria, de qué “relato” vence y se impone. A sabiendas de que “La historia la escriben los que ganan” y que también siempre habrá espacio para la revisión, la otra historia. Mientras, confusión, ¿En qué elegimos creer?