La tensa calma electoral

Se acercan los comicios, todos los sectores políticos trabajan a toda máquina para conseguir votos. Todas las estrategias valen. A ver si alguna suma.

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Arranca una semana intensa, a los ojos del avezado observador aparecen las estrategias, como los diarios económicos presentando las “buenas noticias” en los diarios económicos, o el propio presidente asumiendo mayor protagonismo en la campaña, se espera una recorrida de actos y anuncios de obras en San Luis, La Rioja, San Juan y Mendoza, pero también en territorio bonaerense.  

 

Los medios se esfuerzan por demostrar optimismo, el mismo que desde Cambiemos se exalta. La estrategia oficial es poner a Macri como referente de la campaña y mostrar obras. Aunque el presidente no sea el candidato.

Si bien todas las jurisdicciones viven la próxima instancia electoral como algo decisivo, la atención esta puesta en el conurbano bonaerense, debido a la situación de “tensión en calma” que se vive particularmente en este territorio y lo que significa una buena elección en octubre para la carrera hacia 2o19.  Calma que por momentos se abandona y se conocen enfrentamientos violentos entre oficialismo y oposición.

La ex mandataria da sus batallas en ese espacio donde los números siguen sin favorecerla. Tomó tiempo en su discurso de los últimos días para arengar a la juventud a “no callar”. La arenga sonó a rebelión a propósito de la toma de los colegios en reclamo por la reforma educativa que intenta implementarse.

Al decir de esta temática, solo podemos esperar que se dirima en los espacios en los que debe dirimirse. Los sectores involucrados deben sentarse a evaluar en profundidad una reforma como la planteada. El ámbito educativo merece una reflexión social muy postergada.

Pero Cristina aprovechó para “alertar”  los jóvenes de que quieren criminalizarlos. La estrategia es que vean en ella la opción para enfrentar los supuestos embates del Gobierno Nacional hacia ellos y hacia la educación en sí misma.  

Analizando los discursos de este último tiempo tanto del oficialismo como de la oposición, juega la polarización como estrategia principal. Y se confronta con términos por momentos algo riesgosos, como la misma arenga a la rebelión juvenil.

Es difícil llegar a como toman los jóvenes los mensajes de quienes apuestan hoy a convocarlos electoralmente. Si pudiéramos medirlo podríamos sacar conclusiones, no obstante se torna necesario revisar no solo el impacto sino las formas, el mismo discurso, el mensaje que se intenta “bajar”.

Esta campaña no tendrá desperdicio y vamos acercándonos al 22 de octubre, con lo cual seguramente el nivel de confrontación va a aumentar, propio de una tensa calma que se sostiene a pesar de y por motivo de los números. La prudencia parece ausente, en una política tan compleja como la nuestra.