La política lo envuelve todo, lo tiñe todo

De tanto hablar de política, en periodo pre electoral, todo necesariamente nos remite a lo mismo.

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La impresión que deja cada cosa que sucede es que detrás está el interés político de convocar el voto, de lograr la victoria sobre el oponente. Dejamos de ver lo que está bien entre tanto que está mal.

Una señal clara de lo que vivimos, del contexto de desconfianza en el que vivimos, es acceder a novedades diarias e inmediatamente ponerlas en duda. Ahora ni siquiera es necesario que nosotros mismos lo hagamos, sino que el mismo medio que nos brinda información (televisión, radio, gráfica, los de siempre, o internet, redes sociales, etc) nos brinda por un lado una noticia y por otro su contracara: la duda al respecto de la veracidad de la información o bien la desmentida directa de ella.

La política, la economía, los sindicatos, la educación, la salud, las fuerzas del Estado Argentino, etc. ¿Todo está mal?

Vivimos bajo la noción de “todo está operado”.  Cuando detienen a un ex funcionario de Gobierno o un sindicalista, detrás se mueve todo un aparato informativo que pone bajo sospecha la detención como si hubiera algo mafioso, pergeñado bajo intereses oscuros, incluso detrás de la misma.  Y todos somos responsables de este estado de situación.

Vivimos bajo la noción del “desconfiemos por las dudas”. Se esgrime la desconfianza hacia todo cuanto suceda en al ámbito en que se dé. Y la desconfianza se mezcla con el desconcierto, la duda producto de la información cruzada que recibimos tiñe todo de incertidumbre. Nos queda sacar nuestras propias conclusiones en un contexto en el que lo que pienses inevitablemente te define políticamente y por ello somos juzgados.   

Difícil vivir en estas circunstancias, difícil creer en que el “cambio” es lo mejor. No se cambia de un momento a otro. Hacen falta años para configurar un “cambio” real. Pero además tenemos que pensar en cuál es el cambio o hacia dónde nos lleva.

Está claro que nuestra sociedad vive momentos turbulentos, que la desconfianza hacia nuestras instituciones, producto de lo que hemos hecho con ellas, en lo que se han convertido, espacios de poder que juegan siempre con intereses, debe ser modificada. Sin embargo no es fácil volver a creer después de la instalación de este estado de cosas.  

Se impone la lógica de la sospecha y por el momento esta sirve a los fines de quienes nos dirigen y administran. Cómo cambiarlo.

Primero, por suerte no están dadas las condiciones para que un representante gremial pueda decir en su discurso “vamos a incendiar la provincia” y la justicia no haga nada al respecto.

Lo sucedido con el “pata” Medina vuelve a traer el debate sobre la situación económica de algunos gremialistas que dicen defender los intereses de los trabajadores mientras no pueden explicar su morboso patrimonio.

Hasta dónde llegará efectivamente la justicia con estos personajes que viven (haciendo uso y abuso) del ejercicio de una función que es sin dudas un espacio de poder y que debería ser honorablemente desarrollado.

Cómo queda la imagen de una institución que se erige en defensa de los trabajadores, cuando sus representantes directos se encuentran envueltos en causas de corrupción.

“Celebrar” el accionar de la justicia no debería ser la excepción. La justicia debe actuar, como regla. Se trata de un ámbito (el sindicalismo) que significa un espacio de poder dentro del espectro sociopolítico. Con el cual el Ejecutivo debe entablar negociación para la siempre difícil gobernabilidad.

Hay quienes no dejan de ver la oportunidad política de una detención a todas luces justa. Desde el costado de sospecha se cree que el Gobierno Nacional apunta a criminalizar el rol del gremio en sí mismo, intervenirlo para poder manejar el para nada desdeñable espacio de poder.  

Siempre quedan más preguntas que respuestas. La justicia tiene el deber de poner a los corruptos en el lugar que corresponde. Es parte de “normalizar” nuestro país. Pero, es bueno que nos preguntemos hacia donde nos lleva la “normalización” realmente. Volvamos a preguntarnos, sin temor a la respuesta ¿qué significa efectivamente “el cambio”?