La desesperada búsqueda del Ara San Juan

Un tema que acapara todos los medios y que desnuda varias cuestiones sobre nuestro país.

 

Nuevos debates se abren a partir de la desaparición del submarino ARA San Juan con 44 tripulantes a bordo, sobre el cual a 7 días de haber perdido el contacto, aún hoy no se sabe nada. Mantiene en vilo a todo el país, tiene repercusiones a nivel internacional, preocupa al Gobierno Nacional, pone en jaque al Ministro de Defensa Oscar Aguad y sobre todo a nuestra vulnerabilidad.

En el inconsciente colectivo se difunde una idea recurrente: la situación sensible de nuestro país, en el aspecto fronterizo, del cual siempre se dice que tenemos “fronteras muy permeables” y sobre todo ahora, con este suceso, en cuanto a la situación de seguridad nacional. Esta desaparición del submarino vuelve a poner en debate nuestra condición.

Por supuesto, no es tiempo de dar estas discusiones sino hasta que se halle el submarino y vuelvan los tripulantes a salvo con sus familias, pero como es habitual la política ya empieza a entrometerse y a enturbiar lo prioritario en este momento: la búsqueda.

Sin perder de vista ese norte, hoy se hace difícil tener información fidedigna en que creer cuando las redes sociales hacen lo suyo, minando todo de desinformación y cuando se buscan responsables por anticipado.

Más allá de la tensión generada en el Gobierno por este hecho, por las acusaciones siempre dispuestas a aparecer de sí la responsabilidad hay que remitir a la gestión anterior o a la actual, o a ir más atrás, hay que decir que nos merecemos, posteriormente a la recuperación de las 44 vidas, un debate real, profundo, sobre nuestras Fuerzas Armadas.

Estas que han sufrido postergación y en muchos casos desmantelamiento. No contamos con herramientas necesarias para una emergencia de esta magnitud. A cualquiera le basta con viajar en el transporte público a diario para saber que ante una catástrofe al estilo del que sufren otros países, los mecanismos de acción no estarían siendo los más óptimos. Esta desaparición pone tristemente de manifiesto esto, nuevamente.  

Bajo la noción negativa contraída desde la experiencia histórica de los procesos militares, de la cual guardan mucha responsabilidad en que se tema por su accionar, irrumpiendo en la democracia, las Fuerzas Armadas mantienen sobre si el peso de la carga peyorativa. Aquella que para muchos deberíamos dejar atrás. Deberíamos poder confiar en la madurez de nuestro sistema democrático (siempre imperfecto, no obstante perfectible) y avanzar en una madurez ciudadana que nos permita retomar la discusión política y social de fondo sobre nuestra seguridad, la que implica necesariamente brindar recursos, aprovisionar de equipamiento a quienes deben resguardarse.  

Por supuesto bienvenida la colaboración! No importa quien no brindó ayuda, (otra de las cuestiones que se puso en debate en redes sociales, haciendo referencia a los países “amigos” de la gestión kirchnerista en contrapartida a los que ahora si prestan ayuda, incluso preguntándose si el gobierno kirchnerista hubiera tenido que enfrentar una situación como esta, si hubiera aceptado la intervención de EEUU, por ejemplo) Siempre perdiéndonos en debates inconducentes.

Importa realmente que la Comunidad Internacional muestre interés y aporte para encontrarlos. Más allá del Convenio de Cooperación Marítima vigente que “obliga” a la colaboración, el mecanismo de ayuda para el rastreo y búsqueda se mostró oportunamente agilizado en esta ocasión, aunque lamentablemente aún no arroja buenos resultados.

Resulta asombroso que nos involucremos en discusiones vanas, que perdamos de vista lo primordial y que dejemos que la política (o los políticos) intente acaparar el escenario para culparse unos a otros. La discusión que viene tiene que ser sobre la voluntad política de cambiar el estado de situación. De cómo hacernos del equipamiento necesario para evitar estos hechos o de ponerlos a disposición para resolverlos.

Hoy se trata de 44 personas, argentinos “perdidos” en el fondo del mar, lo que devela una de las tantas falencias que acarrea hace años nuestro país. Una deuda pendiente más. La desmantelación, la falta de recursos, los problemas técnicos y tecnológicos siempre presentes.

Quienes cumplen el rol de protegernos, quienes asumen voluntariamente, por vocación o necesidad, el ejercicio de nuestra defensa o la defensa de nuestros intereses, parecieran ser lanzados a una aventura peligrosa con final incierto en el ejercicio de sus funciones. Cuando salen a cumplir con el deber que la Patria les demanda en estas condiciones, resulta responsabilidad del Estado que así sea. Esta gestión, la pasada, las otras, todas y ninguna a la vez. Es una nueva oportunidad para el debate, tras la espera del rescate.