Estiman que la siembra de arroz caerá un 10% esta campaña en el Litoral

En el Litoral, la siembra de arroz está a punto de finalizar con un dato que preocupa: se estima que se van a implantar unas 20.000 hectáreas menos que el ciclo anterior, según los datos que maneja la Fundación Pro Arroz. Es un recorte que se veía venir por las constantes lluvias de octubre, el alto costo de la energía en Entre Ríos y las secuelas que dejaron las inundaciones en algunas regiones arroceras correntinas.
En este escenario, se proyecta que el cultivo va a ocupar un área de 185.000 hectáreas, contra 205.000 que se habían implantado en la campaña 2016/17. En Entre Ríos y Corrientes, el 90% del arroz ya está sembrado y solo faltan implantar algunos lotes que se terminarán en diez días.
“Se está confirmando un recorte en la superficie sembrada del 10%, pero la verdad es que a finales de octubre, cuando muchos productores todavía no habían podido hacer las taipas, temíamos que el área del cultivo cayera aún más. Por suerte noviembre fue más seco y se pudo avanzar con la siembra”, le contó a Clarín Rural Hugo Müller, presidente de la Fundación Pro Arroz.
En Corrientes, la provincia líder en el cultivo, se alcanzarían las 90.000 hectáreas implantadas este año (fueron 95.000 en la primavera pasada), en Entre Ríos unas 58.000 hectáreas (contra 64.000 el ciclo anterior), en Santa Fe 25.000 hectáreas y las 12.000 hectáreas restantes se reparten entre Chaco y Formosa.
La gran pregunta es si los buenos rendimientos que se esperan, si el pronóstico de un año “Niña” -de baja intensidad- se cumple, pueden amortiguar la caída en la superficie de implantación. Es muy temprano para saberlo, pero es un posibilidad.
“Cerca del 35% del arroz se implantó fuera de su fecha óptima en Entre Ríos, por las demoras que generaron las lluvias, y es una lotería saber cuánto van a rendir esos lotes”, adelantó Lucas García, que asesora a la empresa arrocera Schmukler, que tiene su base en San Salvador (en el centro este de Entre Ríos).
Los arroceros entrerrianos saben que lo ideal es que el arroz emerja lo más cerca posible del 15 de noviembre y para eso hay que haberlo implantado a fines de octubre. Después de esa fecha, las pérdidas de rinde pueden llegar a los 1.500 kilos por hectárea.
“Si en febrero y marzo hay menos días nublados y buena radiación solar quizás estos lotes logran rindes cercanos a los potenciales, de 8.000 kilos, pero lo que suele suceder es que se trillen entre 6.500 y 7.000 kilos por hectárea”, precisó García.
El problema es que así el cultivo queda muy cerca del rinde de indiferencia, el que se necesita para salvar los costos, que en esta región de Entre Ríos es de 7.300 kilos en un campo arrendado y de 6.300 kilos en un campo propio.
La rentabilidad del cultivo también se achicó en Entre Ríos por el mayor costo de la energía eléctrica, una variable importante porque el agua para inundar el cultivo se bombea de pozos de riego. Los productores aseguran que el costo energético en Santa Fe o Corrientes se reduce a la mitad y recuerdan que hace algunos años era tres veces más barato utilizar electricidad que gasoil para bombear y que ahora sale lo mismo.
En la última cosecha, la producción arrocera argentina alcanzó las 1,2 millones de toneladas, un volumen que va a ser difícil de lograr este ciclo, en el que se parte con una caída del área del 10%.
El 60% de la producción argentina se exporta y no solo a Brasil. “En la última campaña, el principal mercado fue Irak y también se embarcó mucho arroz a los países de América Central, a Chile y Perú”, concluyó Müller.