Esta escrito

Nada de lo que podamos decir va a ser novedoso.

0

Tenemos enfrente la campaña electoral y todo se vuelve a circunscribir inevitablemente a ella. Todo en función de ella, vale.

Las internas fuertes no son particularidad exclusiva de la Coalición de Gobierno, todo el arco político sufre un proceso intenso de “reorganización”.

La noción de bloque compacto, de unidad y hegemonía frente a los demás –entiéndase el electorado a convocar- es la característica que quieren mostrar todos, aunque sea el desafío más grande en tiempos tan revueltos, para cada una de las fuerzas.

Cambiemos sufrió recientemente la retirada de la diplomática Susana Malcorra, y con ella un sinfín de especulaciones surgieron a modo de motivaciones de la decisión intempestiva. Y por supuesto todo hoy puede ser usado en contra del opositor.

Tal es el caso Odebrecht, que viene generando malestares para nuestros políticos y empresarios vinculados de alguna u otra forma a la empresa que ya se cobró caídas políticas de magnitudes importantes en Brasil y generó escándalos en otros países de nuestro continente, una tendencia que parece no tener su punto final al menos por el momento.

La corrupción no es particularidad de los argentinos, se cuela en y por nuestras fronteras y parece siempre existir alguien (muchos) dispuesto a acceder a los beneficios de acuerdos espurios.

Lo interesante de Odebrecht es justamente cómo trasvasó fronteras, involucrando a distintas nacionalidades y cómo su descubrimiento interpeló a las distintas sociedades de los países involucrados. Lo que sucede con Odebrecht es que no discrimina ideologías políticas y por tanto involucra a todo el arco político en su compleja totalidad.

No es casual que suceda en un momento de crisis política generalizada. Una crisis que lleva años y viene a manifestarse en las elecciones cuando asumen gobiernos “inesperados” o por lo menos no vaticinados por nuestras -ahora aparentemente “viejas”- formas de medir el clima sociopolítico.

El escandaloso caso nos interpela a todos a plantearnos algo para nada agradable: quienes somos, qué tipo de líderes tenemos, qué gobiernos elegimos, hacia dónde vamos. La circunstancia particular nos invita a pensar en cuántas cosas nos suceden y no nos enteramos. Esto tomó estado público y se agigantó más allá de los límites de Brasil, pero en el inconsciente colectivo siempre existió el “rumor” de la corrupción política, empresaria, judicial.

A la luz de los hechos no podemos no cuestionarnos hoy todo aquello y seguir con nuestras vidas como si nada hubiera pasado. Las sociedades reclaman justicia, la sociedad Argentina dio su manifestación del hartazgo en 2015, pero el panorama no parece haber cambiado más que en lo bello del discurso.

Justicia y devolución es lo que se espera, en este y en todos los casos, aunque quizás imbuidos en nuestras problemáticas propias diarias: la violencia, la economía, las paritarias, la inflación, por nombrar sólo algunas, hagan que no podamos tomarnos el debido tiempo de pensarlo para nosotros mismos o compartirlo entre nuestros pares para poder reflexionar sobre esta situación como lo merece. ¿Tendremos la oportunidad de ver efectiva justicia en nuestro país respecto al caso de las millonarias coimas?¿Cuántos involucrados saldrán a la luz? ¿Quién pierde en caso de que todo realmente se descubra?

¿Será Justicia?