En su visita a Milán, el Papa almorzó con presas y usó un baño químico

Antes de celebrar una multitudinaria misa, el Pontífice comió junto a tres reclusas, una argentina. Y no dudó en salirse del protocolo.

El papa Francisco visitó  la cárcel de San Vittore en su viaje a Milán (norte de Italia), donde están recluidas unas 900 personas, y tras recorrer los diferentes pabellones y saludar a los presos almorzó con un centenar de ellos. A a su lado estuvieron varias mujeres latinoamericanas.

La autoridades de la cárcel milanesa pensaron que el papa se sentiría más a gusto si durante el almuerzo podía intercambiar alguna palabra en su idioma.

Por ello, como adelantó el diario Avvenire, hicieron que en la mesa del Pontífice se sentaran también la ecuatoriana Dalia, la argentina Mónica y la chilena Gemma.

En el resto del improvisado comedor –habilitado en uno de los corredores de la prisión– hubo una representación de diferentes nacionalidades y religiones de los reclusos en esta cárcel judicial donde los detenidos se encuentran en espera de la sentencia definitiva.

 

Francisco visitó el primer pabellón donde se encuentran las mujeres detenidas con sus hijos pequeños y allí saludó a las reclusas y se detuvo con los voluntarios que trabajan en las cárceles, detalla la agencia de noticias EFE.

Jorge Bergoglio recorrió los pasillos de la cárcel hasta llegar a la “Rotonda”, la parte central de la penitenciaría, que hace de plaza para los reclusos y donde pudo saludar y escuchar a una amplia representación.

“Me siento como en casa”, dijo Francisco a los reclusos, según informó Avvenire, publicación del ámbito católico que se edita en Milán.

El papa Francisco durante su visita de hoy a la cárcel de San Vittore, en Milán, Italia. AFP.

Una representante de las personas encarceladas pidió al Papa argentino que rezara por ellos para que “se les pueda perdonar sus errores” y “la gente no les mire con desprecio”.

De todas las visitas de los pontífices a la capital financiera de Italia, es la primera vez que un Papa atraviesa las puertas de San Vittore, una cárcel utilizada durante la ocupación nazi como centro de tortura y detención de los judíos antes de su deportación a Auschwitz.

 

Para el almuerzo, detalla EFE, se eligió un menú preparado por las reclusas que frecuentan los cursos de la llamada “Libre Escuela de Cocina” y que consistió en platos simples y de la tradición milanesa como risotto (arroz cremoso), cotoletta (filete de ternera empanado) con patatas y de postre, una panna cotta.

Los responsables de la cárcel habían puesto a disposición la habitación del capellán para que Francisco pudiera descansar, pero no hubo tiempo porque a las 15:00 (hora italiana) le esperaban en Monza, a 20 kilómetros, para una misa multitudinaria.

En la misa, Francisco defendió la cultura “mutiétnica”, que no teme al diferente, contrastando de esa manera con las corrientes antiinmigrantes en Estados Unidos y algunos países europeos.

Un millón de personas se congregaron en un enorme parque de Monza, a 20 kilómetros de Milán, entre ellos numerosos inmigrantes que trabajan en el norte industrializado de Italia, para escuchar al Pontífice argentino.

“Un pueblo formado por mil rostros, historias y orígenes, es un pueblo multiétnico y multicultural. Esa es nuestra riqueza”, dijo el Papa, coincidiendo con la conmemoración del 60º aniversario de la firma del tratado de Roma, que dio origen a la actual Unión Europea (UE).

“Un pueblo así debe hospedar al diferente, integrarlo con respeto y creatividad y celebrar la novedad que proviene del otro. Ese pueblo no teme abrazar las fronteras ni acoger”, agregó Jorge Bergoglio, que dedicó buena parte de sus ocho horas de visita a Milán a los más pobres y olvidados de esa región.

El pontífice argentino, gran amante del fútbol, concluirá la jornada con un encuentro con los jóvenes en el legendario estadio de San Siro de Milán.

A poco de haber llegado a Milán, el Papa sorprendió con un proceder inusual en personas de su investidura al utilizar un baño químico.

La caseta estaba colocada fuera de una casa de acogida de la periferia de Milán, que Francisco visitó en la ciudad del norte italiano.

La particular escena quedó registrada en los teléfonos de varios de los fieles que fueron testigos.