En la Cuenca del Salado hay 2,3 millones de hectáreas inundadas

Un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria relevó que en la región sureste de la cuenca del río Salado (provincia de Buenos Aires) hay 2,3 millones de hectáreas afectadas por los excesos hídricos, lo Se trata del 36% de la región, que comprende en 24 partidos 6,4 millones de hectáreas.
El trabajo fue realizado con imágenes satelitales en septiembre pasado y precisa que, de la superficie comprometida, 1,45 millones de hectáreas están inundadas mientras que 863.000 hectáreas se encuentran anegadas.
Según la estación Cuenca del Salado del Inta (con sede en la ciudad de Rauch) hay un 3% de superficie que puede estar “empastadas pero sin piso” o con agua subsuperficial que no puede leerse en las imágenes, lo que indicaría que la superficie anegada podría ser de unas 190.000 hectáreas más a las que registra el informe.
“Las precipitaciones acumuladas, según registros de las Agencias de Extensión consultadas, en las localidades con excesos hídricos de la zona de influencia de esta Estación Experimental, habían alcanzado en su mayoría la media anual (en esta zona rondan entre los 800 y 1000 mm) en los primeros siete meses del año”.
Entre los partidos más complicados está Ayacucho, con 236.000 hectáreas afectadas, lo cual representa de su territorio el 35%. “Para el caso de Rauch, ha habido un incremento de 16% de afectación. La situación pasó del 31% afectado en agosto al 47% de afectación en septiembre”, precisa.
Según el Inta, los porcentajes de afectación son variables y “no pueden compararse”, ya que están en relación al tamaño de los partidos, pero, subraya, “del análisis resulta impactante la afectación en los partidos de Las Flores y General Alvear con más del 55% de sus territorios respectivamente”.
“Los partidos con más hectáreas afectadas, son Ayacucho, Azul, Rauch, Las Flores, Saladillo, Tapalqué y General Alvear, los cuales tienen entre 180 mil y 236 mil hectáreas bajo agua o con anegamientos”, detalló el Inta Cuenca del Salado.
Para los expertos, deberá “promover la organización de los productores, con enfoque de microcuencas, para empezar a pensar en el cómo prepararse para eventos de características extremas que permitan gestionar en forma de consorcios el agua superficial que eventos de estas características generan”.