Emoción argentina en la misa que da comienzo a la vigilia por el Cura Brochero

El fervor argentino estalló hoy al finalizar el encuentro que tuvo lugar en una iglesia romana.

El fervor argentino estalló hoy al finalizar una misa que precedió una vigilia de oración por el Cura Brochero, que tuvo lugar en la Iglesia Santa María Addolorata del Viale Regina Margherita, también conocida como Iglesia argentina de esta capital.

Un mar de aplausos y gritos de “¡Viva Brochero!”, junto al sonido de vuvuzelas, acompañaron a los obispos que salieron en procesión del templo, finalizada la celebración eucarística.

En templo no daba abasto, vista la cantidad de sacerdotes y diáconos -al menos dos centenares- y fieles argentinos presentes. Tanto es así, que muchos debieron subir y seguir la misa desde la segunda planta. Entre los argentinos, muchos con banderas albicelestes con al centro la figura del “Cura Gaucho”, se destacaban los cordobeses.

Mónica Saru, una fiel devota del Cura Brochero en la misa
Mónica Saru, una fiel devota del Cura Brochero en la misa. Foto: LA NACION / E. Piqué

“Es la primera vez en Roma, venimos siguiendo al padrecito Brochero, como le decimos nosotros, llegamos el jueves y estamos haciendo un triduo en distintas iglesias, esta es la tercera misa y vinimos cinco mujeres solas”, contó a La Nación Mónica Saru, de Piquillín, provincia de Córdoba, como indicaba su bandera.

Lágrimas de argentinos

“Fuimos a su beatificación y ahora vinimos a la canonización. Estamos emocionadas hasta las lágrimas aunque ahora se disimula… Esto es algo emocionante para nosotros, un cura argentino- cordobés, que nació en Santa Rosa de Río Primero, cerca de nuestro pueblo y se trasladó a Cura Brochero, que es Traslasierra, por eso nosotros nos sentimos muy orgullosos porque Piquillín queda a 45 kilómetros de ahí”, agregó, mientras se sacaba una foto frente a la imagen del Cura Gaucho colocada al costado del altar.

Presidida por el obispo de Cruz del Eje y postulador de la causa de canonización, Santiago Olivera, la misa fue concelebrada por quince obispos que viajaron para la ocasión histórica de la canonización del primer santo auténticamente argentino, entre los cuales José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

Entre otros asistieron el embajador argentino ante la Santa Sede, Rogelio Pfirter, que leyó la segunda lectura, diversos intendentes del interior, el diputado ítalo argentino Mario Borghese, que es cordobés, así como el padre Mariano Fazio, vicario general de la Prelatura del Opus Dei.

En su homilía, al margen de agradecer a quienes trabajaron para la causa de canonización de quien será el primer santo auténticamente argentino, Olivera destacó el ejemplo de “buen pastor y santo ciudadano”del beato, que luchó para “transformar la sociedad y para hacer un pueblo más cristiano, más fraterno y más digno”.

“Él, usando una expresión del papa Francisco, supo ponerse la patria al hombro”, dijo. Definió asimismo a Brochero un “apasionado de Jesús”, un “testigo valiente del Evangelio, capaz de trabajar por su pueblo” y, recordando palabras de Francisco en ocasión de su beatificación, hace tres años, “un callejero de la fe”.

Marcas en los huesos

En el sermón Olivera también contó que, en junio pasado, cuando vio los restos de Brochero junto a antropólogos forenses, éstos quedaron sorprendidos no sólo por lo bien conservados que estaban, sino por sus marcas. “De tanto andar a caballo, tenía marcas como las que tienen las mujeres en el parto; por otro lado, en los huesos tenía marcas que indicaban que se arrodillaba mucho”, dijo.

“La vida de oración fue una característica del santo, que sabía atender a la gente, pero que tampoco quería que lo molestaran cuando rezaba: ‘voy una vez que termine mis rezos’, solía decir”, evocó.

“Para obispos, sacerdotes y diáconos Brochero es un modelo a seguir”, concluyó Olivera, que pidió al santo argetino “que nos haga discípulos fieles, misioneros de Jesús y que nos haga ver las cosas que faltan en nuestras comunidades”. En una misa en la que hubo cantos con guitarras y un clima de fervor religioso argentino, el postulador le donó a la Iglesia argentina una reliquia del “cura gaucho”, el mejor regalo posible.