El verdadero costo de tener WhatsApp gratis

Nos encanta lo que es gratis. Tanto nos gusta, que muchas personas están dispuestas a hacer cola para recibir algo gratis: una muestra de algo, una remera, lo que sea (pero con logo corporativo). Es gratis, qué importa. Sin embargo, lo que es gratis muchas veces puede tener un elevado costo que no vemos.
Si bien toda transacción tiene sus pros y sus contras, cuenta Dan Ariely en Las trampas del deseo (Ariel, 2008), cuando algo es gratis dejamos de lado lo malo. Lo gratuito nos da una carga emocional tan intensa que percibimos que lo que nos ofrecen es inmensamente más valioso que lo que realmente es. ¡Es gratis, qué importa!

Whatsapp bonificado

La semana pasada Movistar y Claro anunciaron que bonificarán el uso de WhatsApp en la mayoría de sus abonos. Personal había anunciado algo similar el año pasado. Intercambiar mensajes de texto, fotos y videos en Whatsapp cuando está conectado a sus redes no consumirá datos del abono (usarlo para videollamadas o intercambios de archivos sí lo hará). Whatsapp ya es gratis de por sí, pero al usarlo en una red de telefonía móvil se incurre en un costo (“descuenta” datos del abono, algo que no sucede si lo usamos vía Wi-Fi). Ese costo es el que bonifican las compañías de telefonía móvil ahora en sus redes locales.
A este modelo de “beneficios”, adoptado en varias partes del mundo, se lo conoce como zero rating (tasa cero, en algunas traducciones). Pero el favorecimiento de ciertos servicios por encima de otros pone en riesgo la neutralidad en la red , garantizada en nuestro país por la ley 27.078, conocida como Argentina Digital.
En un tuit, la neutralidad en la red garantiza que los proveedores de internet no puedan privilegiar un contenido sobre otro, ni censurar, ni forzar una velocidad más alta o más baja según el sitio, ni ofrecer selectivamente el acceso gratuito a distintos servicios.
Esta garantía hizo posible, desde el origen de internet, la competencia justa entre quienes tenían una idea en un garage y enormes corporaciones con recursos de sobra. El beneficio del zero rating con WhatsApp, si bien no tiene que ver con “carriles rápidos” que priorizan un contenido o servicio sobre otro, impide garantizar la competencia justa, y genera situaciones de desventaja entre competidores .

Privilegiar un servicio por sobre otro

En la práctica, el zero rating puede resultar en una forma de discriminación positiva que privilegia ciertos contenidos, servicios o aplicaciones frente a otros que no son subsidiados por el proveedor de internet. Esto es exactamente lo que Movistar, Claro y Personal están haciendo con WhatsApp. ¡Pero es gratis, qué importa!
El subsidio de ciertos servicios o aplicaciones frente a otros aumenta enormemente el costo para la competencia. Ya no sólo debe competirse con una posición dominante en el mercado -como en el caso de WhatsApp -, sino también con aquello que nos hace felices: lo que es gratis. Esto termina desalentando la innovación.
Como señala Gustavo Fontanals, la Ley Argentina Digital en su artículo 57 inciso b) prohíbe explícitamente “fijar el precio de acceso en virtud de los contenidos, servicios, protocolos o aplicaciones que vayan a ser utilizados”. Generalmente esto alude a que los proveedores no puedan cobrar un extra por el consumo de ciertos contenidos (por ejemplo, para mirar Netflix o YouTube). Pero en una interpretación amplia de la ley, también aplica a la discriminación positiva: ofrecer cierto servicio sin costo percibido para el usuario en perjuicio de su competencia.
Hay quienes incluso argumentan que las prácticas de zero rating son incluso más dañinas que los “carriles rápidos”: mientras que las suscripciones pagas plantean la elección de pagar por un mejor servicio, al ofrecer cierta aplicación gratis los usuarios simplemente optan por usarla, sin cambiar de contrato. Si bien la ley vigente prohíbe expresamente favorecer servicios particulares (como el caso de WhatsApp, pero también servicios de streaming de cada operadora), el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom) hasta el momento se abstuvo de expedirse al respecto.
Quizá lo incómodo de la situación es que en primera instancia cuesta ver lo problemático de la oferta de servicios gratuitos. A caballo regalado, etcétera. Después de todo, no hay controversia en afirmar que a los usuarios de WhatsApp los beneficios de las operadoras les vienen como anillo al dedo. Enrique Carrier observa que si al Enacom se le diera por cuestionar estas ofertas y obligar a las operadoras a revertir su iniciativa, difícilmente las redes sociales se colmarían de festejos.

Pensar más allá del caso concreto

Carrier también argumenta que la neutralidad en la red, como la discusión sobre el zero rating atestigua, no siempre es favorable para los usuarios ni, como argumenta Ariel Torres, es un asunto en blanco y negro. Sin embargo, lo que nos permite ahorrar unos pesos hoy podría salirnos caro mañana. Si bien en el caso de WhatsApp el perjuicio inmediato es para quienes compiten por su mismo mercado (hola, Telegram), lo cuestionable es el zero rating mismo. Ni siquiera se trata de la competencia injusta con aplicaciones existentes, sino con las que podrían existir. Es por esto que en países como Chile, Noruega, Países Bajos, Finlandia, Islandia, India y Japón el zero rating está prohibido o restringido, mientras que en Brasil, Estados Unidos, Canadá, México y Uruguay, entre otros, está permitido en alguna medida.
Es la posibilidad de competir en igualdad de términos lo que hizo posible la explosión del mercado de aplicaciones y servicios digitales. Si WhatsApp, Netflix o Spotify lograron un lugar privilegiado es porque en su origen pudieron competir con aquellos servicios que hoy ni siquiera recordamos. En un contexto donde activamente se busca promocionar el surgimiento de emprendimientos tecnológicos locales, el incumplimiento con la neutralidad en la red termina disuadiendo la innovación.
Hace muchos años, cuando no todo el mundo usaba smartphone y no todo usuario de smartphone elegía WhatsApp, probablemente optar por ella frente a otras aplicaciones de mensajería era una decisión libre. Lo que no hay que olvidar es que una vez que se alcanza cierta masa crítica de usuarios, el efecto de red entra en juego y la posibilidad de elegir desaparece. Es precisamente esta libertad de elección la que se pone en jaque cuando se deja de garantizar la neutralidad en la red.