El Papa pide perdón a indígenas mexicanos

El jefe de la Iglesia católica lamentó que de muchas formas y maneras se haya querido "silenciar y callar" a los indígenas.

El Papa pidió perdón a los pueblos originarios “por la exclusión que han sufrido”, durante una misa en San Cristóbal de las Casas, un baluarte de la guerrilla zapatista, en el estado sureño de Chiapas, el más pobre y con más indígenas de México.

 

En su homilía, ante unas 100.000 personas, provenientes de las principales etnias del estado -tzotzil, tzeltal, chol y tojolabal-, pero también de Guatemala y otros países de Centroamérica, enmarcado en la cuarta jornada de su primera visita a México, Francisco señaló que “los pueblos indígenas han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad”.

 

El jefe de la Iglesia católica lamentó que de muchas formas y maneras se haya querido “silenciar y callar” a los indígenas “intentando anestesiar el alma”.

 

En su mensaje, el Papa lanzó una enérgica condena al “despojo y contaminación a las tierras de los pueblos” indígenas perpetrados por personas “mareadas por el poder, el dinero y las leyes del mercado”, e instó a hacer un examen de conciencia y aprender a decir “perdón” por estas acciones.

 

“Entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que gime y sufre dolores de parto”, expuso el pontífice, en el Centro Deportivo de San Cristóbal, Chiapas, junto con Oaxaca el estado con mayor población indígena en México (un millón y medio de personas en cada estado).

 

Asimismo, dijo que “el mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte”, necesita a los indígenas y “defendió las riquezas culturales de los pueblos originarios” y su anhelo de “vivir en libertad, en una tierra donde la opresión, el maltrato y la degradación no sean la moneda corriente”.

 

“Muchas veces, de modo sistemático y estructural, sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones”, afirmó Jorge Bergoglio en uno de los escenarios del alzamiento zapatista del 1 de enero de 1994.