El campo en 2018: desafíos, oportunidades y amenazas en el horizonte de los productores

Mientras persiste la alta presión fiscal, los productores deberán agudizar estrategias para ser competitivos; la carne y la leche, en escena.

l 2018 está a la vuelta de la esquina y ya se va 2017. Como cada año nuevo que llega, se pone en cero el contador y comienza a hablarse de los desafíos, oportunidades y amenazas. Una especie de ritual del que la producción agroindustrial no se queda al margen y que en el caso puntual de esta actividad debe proyectarse más allá de un rubro…

¿Qué va a pasar con las empresas del agro en 2018?, ¿cuáles van a ser sus fortalezas y debilidades?, ¿qué va a suceder con los grandes temas del sector, como la competitividad, la infraestructura, y cuestiones pendientes, como el reconocimiento de la propiedad intelectual?, ¿está preparado el campo para otro salto en la mejora productiva?, ¿cómo va a jugar el clima en la actividad, ¿qué va a pasar con los costos?

A priori, coinciden los especialistas, el negocio de la producción de alimentos deberá seguir profesionalizándose y las empresas buscar tranqueras adentro su competitividad..

Esto más allá de los factores externos que puedan incidir sobre su performance. Aunque el negocio pueda ofrecer una renta que, según la actividad, deje un resultado aceptable, deberá haber mucho trabajo interno para alcanzar una rentabilidad en el largo plazo. La escala, la organización y los talentos, entre otros factores, tendrán que estar otra vez sobre el tablero de control en el próximo año.

Luego del triunfo del Gobierno en las elecciones de octubre pasado, de las que salió fortalecido para llevar adelante su plan de reformas, según los expertos la posibilidad de que siga avanzándose en la baja de la inflación es un elemento que va a jugar a favor de las empresas. El Gobierno viene de prever 15% para 2018 y 5% para 2020..

Además, si se registra una baja en el déficit fiscal, como también estima el Gobierno, esto también sería un elemento que ayudaría a la economía en general y serviría para atraer inversiones.

Claro que cuando se mira la foto del sector y se la proyecta hacia 2018 persisten cuestiones que hacen cuesta arriba el camino de los productores. Allí está, por ejemplo, la presión fiscal.

“Si bien el Gobierno está generando cambios tributarios que quizá tengan impacto en el mediano plazo, para 2018 la presión fiscal seguirá siendo alta. Esto condiciona los negocios. Y, en el caso de los dueños de la tierra, que también tendrán más impuestos, seguramente pidan un mayor valor por el arrendamiento. Y esta necesidad conspirará contra el deseo de los que alquilan de lograr un resultado económico que premie su riesgo”, analizó Teo Zorraquín, consultor de empresas.

En ese mismo sendero de espinas se anota el tema de los costos logísticos y de servicios. “Por la combinación de una inflación que no termina de bajar y un tipo de cambio atrasado (como fue hasta esta semana), sumado a la falta de inversión de muchos años, los costos en pesos serán los que definan gran parte del resultado”, apuntó.

Con este último escenario, las producciones que están en zonas extrapampeanas, alejadas de los puertos del Gran Rosario, tendrían dificultades.