Dos meses sin Santiago

Lamentablemente la desaparición se tiñó de política y poder de la peor manera.

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No siempre, no necesariamente la política es sinónimo de lo peor, pero últimamente resulta fácil ver su costado “peyorativo” cuando se mezcla en situaciones que pueden ser manipuladas por intereses.

Respecto al caso del joven desaparecido, desde el principio todo fue turbio, como esas historias de las que tenemos sobrada experiencia en nuestro país, lamentablemente. Julio López, Nisman, la mujer incinerada en los alrededores del departamento del fiscal muerto. Todo resulta confuso cuando la política está en medio. Más aun en periodo electoral. Y lo importante, la verdad, no parece fácil de alcanzar.

El reclamo por la aparición con vida de Santiago en el segundo mes de su desaparición se vive desde el mismo escenario donde habla la familia como la oposición política a un Ejecutivo al cual se interpela por respuestas. Y se aprovecha el discurso para hacer viva la polarización que se debate electoralmente en los próximos comicios. Incluso se aprovecha esta instancia para agredir a periodistas. Ya estamos en un punto que parece no tener retorno.

Todo mezclado, todo puesto en duda, todo difícil de entender. Solo abundan las especulaciones y las escuchas que parecen incriminar a la Gendarmería. Quieran o no, sean tres o cuatro, toda la fuerza queda en cuestión por ellos, así como una manzana contamina el cajón.

El Gobierno no manejó bien la situación, de nuevo. No tuvo cintura política para tomar las riendas desde el primer momento. Y ahora, tras haber corrido al Juez Otranto de la causa que investiga lo sucedido, por presuntamente desviar la investigación, la familia confía en quizás poder llegar a la verdad de lo ocurrido.

Sin dudas representa una situación que conmueve a nuestra sociedad y se replican las marchas con el reclamo por justicia en otros países. Pero el discurso sigue siendo poco prudente a la hora de elegir el enfrentamiento.

No deberían callarse las voces del reclamo, sino apuntar a que la justicia intervenga e investigue sin condicionamientos. Sin censura, y que el o los responsables verdaderamente sean conocidos. La ciudadanía argentina espera respuestas. Una familia sufre el entendible dolor de no saber dónde está su ser querido.

Por supuesto, el Estado Argentino es responsable y debe ser el que debe dar respuestas. En el medio de todo lo turbio, arrojar claridad. Cuánto más pasará para que entendamos que se trata de un país que intenta ser serio y confiar en sus instituciones. Qué país tenemos que se nos escava siempre la verdad.

El sincero cambio, ya que tanto hablamos de ello, radica en que en nuestro país dejen de tejerse intereses que enreden y tengan de rehén a la verdad y a la justicia. Santiago Maldonado no es una bandera política, ni para unos ni para otros, es una persona, un ciudadano argentino. A dos meses de su desaparición la pregunta forzada es ¿Será Justicia?