Deuda Externa: Para hacer (debida) Memoria

Siempre que hablamos de deuda tenemos que tener en claro que resulta un factor condicionante, en el amplio sentido de la palabra.

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Condiciona nuestras vidas, nuestro presente y nuestro futuro en sociedad. “Crecer” endeudándonos sin saber a ciencia cierta cómo pagaremos es absolutamente condicionante, ayer, hoy y siempre.  

Ante el eterno debate sobre “la mirada al pasado” o “la mirada al futuro”, sobre cómo deberíamos vivir, vamos a ponernos en un término medio: mirar al pasado es importante para no reiterar los mismos errores en el futuro.

Entre mirar o “volver” a los ’70 o mirar al siglo XXI lo justo sería encontrar un equilibrio, sin perder de vista nuestro pasado, de dónde venimos, para poder construir desde aquella base un mejor futuro, al menos intentarlo.

El gobierno nacional intenta posicionarse como el que mira al futuro, al tiempo que “ata” el mismo (el futuro de todos los argentinos) al apoyo electoral que puedan lograr en octubre. También en la versión de Cambiemos “volver” al pasado, (entiéndase claramente, que regrese Cristina) es no avanzar.

Es claro que no se puede vivir sólo de pasado, pero más claro aún advertir que si volvemos a cometer los errores del pasado (endeudamiento, por ejemplo) no vamos a hacer otra cosa que permitir que regresen los resultados del pasado (Crisis económica, crisis política, crisis social, quizás hasta el derrumbe de un gobierno electo democráticamente, como no pocos vaticinan para el presente gobierno)

Si ha habido un factor condicionante para nuestro país éste ha sido en buena medida la deuda externa contraída. Con toda su ilegalidad y polémica. Ha sido un elemento de presión y adoctrinamiento de los organismos financieros para nuestra economía en desarrollo. Argentina presentó un caso particular respecto al resto de America Latina: siempre contrajo deuda no para financiar industrialización o inversión productiva que nos permita un verdadero crecimiento económico sino para solventar especulación financiera y fuga de capitales. Verdadera raíz de donde surge la pobreza estructural que se volvió desde entonces difícil de erradicar.

Nos hace falta recordar lo sucedido en nuestra propia historia muy reciente, con el fatídico desenlace de 2001 para comprobar lo que han hecho la desidia, el error a propósito, la omisión indebida con nuestra situación económica, la “deuda”.

El Gobierno nacional vuelve a apostar por el financiamiento externo, cubriendo el déficit público de la única forma que “encuentra” para salir del paso de manera rápida y deliberada, endeudándose –endeudándonos-.

Hoy muchos economistas alertan sobre la situación económica de nuestro país que no podría seguir sosteniéndose en este modelo e inevitablemente volvería a encontrar un agotamiento que desataría otra crisis más. Con final de nuevo incierto. No se trata de una acusación oportuna a propósito de las próximas elecciones, sino de un llamado de atención, una mirada con fundamentos sobre situaciones que ya vivimos y por tanto ya conocemos.

Esperar que la jugada le resulte provechosa al gobierno y redunde en beneficios para todos es casi una expectativa puesta en la ilusión. Repetir “errores” del pasado esperando resultados nuevos es utopía plena. Así como tantos no fueron oídos en su momento al decir estas mismas cosas, al predecir lo que podría pasarnos y terminó sucediendo, hoy vuelve a pasar, quienes alertan sobre estas cuestiones siguen sin ser escuchados, acallados por algunos medios o desoídos por creer que se trata de oportunismo electoral.

Es responsabilidad de todos hacer debida memoria y no permitir que volvamos a cometer errores del pasado. Claro que la oportunidad electoral es un momento propicio para volver a decidir. Por supuesto, cada elección es una oportunidad, no oportunismo. No se trata de volver o no al pasado, sino de verlo y evitar aquellos errores, en todo caso “cambiar” en serio. ¿Qué nos queda por hacer? No callar esas voces que nos recuerdan y nos obligan a hacer memoria. Observar con atención y debido compromiso lo que se hace con la deuda contraída. No dejar que las decisiones económicas nos trasciendan sin más. El elemento electoral es anecdótico pero también oportuno. Votar a conciencia es lo que nos queda como herramienta, siempre.