Cuánto midió el final de “El Maestro”, el unitario de Julio Chávez

La serie El Maestro llegó a su fin con varios mensajes de aprendizaje y con un final abierto en la historia de amor entre la bailarina Luisa Galarza (Carla Quevedo) y su maestro Abel Prat (Julio Chávez).
Ni la beca que ganó la joven para ir a formarse a Canadá ni los intentos infructuosos de Prat por distanciarse de ella para que emprenda su camino sin ataduras logran apagar el sentimiento latente entre ambos y, en los últimos minutos del capítulo final, se confiesan su devoción el uno por el otro.
“Te amo”, repite el maestro emocionado luego de besarla en los labios y antes de romper en un llanto mientras la abraza en el aeropuerto. De forma instantánea, Luisa le entrega un teléfono celular, él amaga con rechazarlo y le dice que no sabe usar “eso”, pero ella insiste en que es un regalo y le anuncia que se comprará otro en Canadá. Ambos sonríen y se miran, quizás suponiendo que a través de ese aparato se acortará la distancia que está por separarlos.
La tensión respecto al desenlace de la relación amorosa que se fue forjando entre la bailarina y su mentor a lo largo de toda la serie se mantuvo hasta el final. Prat, afectado por la muerte de Paulina Bravo (Inés Estévez), su ex pareja y partenaire, que más tarde se volvió también su rival, y ante el inminente viaje de su joven aprendiz al hemisferio Norte, le había comunicado que no quería volver a verla.
La decisión de Prat destrozó a Luisa, que, sin embargo, un mes más tarde y de camino al aeropuerto, decidió ir a la casa del maestro para despedirse. Él la echa tras recriminarle que no respetara su petición, y ella se marcha dolida. Pero él recapitula urgente, sigue su instinto y, acompañado de su socio y amigo (Juan Leyrado), va tras ella en un taxi para expresarle sus sentimientos.
Junto a esta reconciliación, después de despedirse de su mamá y de su hermanita, Luisa también decide decir adiós a su ex novio, Brian (Abel Ayala), a quien encuentra en el club de boxeo. Desmotivado por haber perdido el amor de Luisa, el joven había abandonado la pelea, pero le cuenta que decidió retornar al ring y, aunque dolido por la presencia de Prat entre ambos, Brian recibe el abrazo de la bailarina.
Bianca, la principal rival profesional de Luisa y novia de la fallecida Paulina, que era su maestra, se muestra dispuesta a sanar sus heridas y, aunque su salud está en una situación crítica, dice que seguirá trabajando por lo que le apasiona, la danza. A ella también le brinda su cariño y apoyo Luisa, con quien siempre mantuvo una afectuosa relación.
El gran teatro que dirigía Paulina es el lugar donde velan sus restos. La bailarina, en apariencia implacable pero en el fondo frágil y con grandes frustraciones a cuestas, generó los principales enfrentamientos a lo largo de la tira, pero su pérdida, a pesar de que entristece enormemente a Prat, deja a cambio una buena noticia que aliviará la economía del maestro, quien heredará parte de sus bienes y podrá así reflotar su escuela de danza.
El capítulo culmina con Prat dando una clase inicial a uno de sus futuros alumnos: su nieto Camilo, a quien encuentra en el salón dando pasos de danza. En esta escena final, el guión insiste en uno de los principales mensajes de la tira, planteado en el sentido de que maestros y alumnos aprenden juntos.
“Vamos a hacer un pacto”, le dice Prat a su nieto. “Yo voy a ser tu maestro y vos vas a ser el mío”. ¿Maestro de qué?, pregunta el chico. “Yo te voy a enseñar a bailar y vos, a usar el celular”. Es fácil, responde el pequeño; “para mí, no”, le dice su abuelo. “Lo vas a usar para llamar a Luisa”, sonríe el niño. “No solo para eso, sino porque también quiero que me enseñes, vos tenés muchas cosas que enseñarme”, remata el adulto. Ambos se paran frente al espejo y repiten juntos las posiciones de danza que le va indicando maestro: primera, segunda, tercera, cuarta, quinta “y vuelvo a descansar”.