Como creer, en quien creer, por qué creer

Una sintética reflexión sobre algo que nos pasa como sociedad.

 

En la era de la “post verdad” todo resulta relativo y relativizado. No importan los hechos en sí, sino aquel detalle que apele a la emoción y las creencias personales para generar el impacto e influir en la opinión pública. Ésta que cualquier político que se precie sueña con cautivar.

Acudimos a vivir nuevas formas de comunicarnos, rodeados, infiltrados e invadidos por las redes sociales que nos comunican tanto que nos terminan des comunicando, nos generan la incertidumbre de no saber en qué creer.

No resulta sólo una particularidad argentina la división existente, esa mentada “grieta” con la que convivimos. Todas las naciones con historia en el mundo la tienen. Lo particular en nuestro país es que lo exacerbamos. Como si viviéramos todo con una pasión desmedida.

Lo cierto es que la historia se cuela en la política siempre, es lo natural, incluso porque somos seres históricos, ello no debería sorprendernos. Hay algunas sociedades que parecen haber resuelto mejor la cuestión con el pasado, al menos “mejor” que nosotros que seguimos discutiendo cuántos desaparecidos fueron, o si debiéramos tener fuerzas armadas en mejores condiciones, sin temor a que el pasado regrese, aquel que sin olvidar tememos y justificadamente o no nos hace ver a las fuerzas como potenciales “irruptores democráticos” y no como nuestra defensa.

Este año han pasado muchas cosas que nos llevaron a volver a plantearnos toda una batería de cuestiones que nos interpelan transversalmente como sociedad. Y en cada caso siempre con información vertida desde diversos lados de la “grieta”, lo que nos lleva a intentar (a veces de manera fructífera, otras terminando con mayor incertidumbre que antes) sacar en limpio algo, para poder comprender.

Existen debates profundos que nos debemos como sociedad, sin embargo siempre es más cómodo dejarlos pasar, hasta que un hecho como la desaparición del submarino o la muerte de un argentino (poco importa si mapuche o no, cuando hablamos de la pérdida de una vida)  en una “represión” a una manifestación o “emboscada” a las fuerzas, termina poniendo de nuevo la urgencia de los debates que no nos damos.

Cómo creer en algo si siempre estamos bombardeados por información contradictoria. En quien creer si sospechamos de operaciones (con comprobada razón) detrás de todo. Sin embargo, por qué se vuelve importante creer en “algo”. Esto constituye una necesidad humana ancestral y de estructura. El sujeto está llamado a darle al menos un sentido a su propia existencia, no hay nadie que pueda escapar a esta “ley natural” como necesidad intrínseca a lo humano.

Así las cosas, estamos tentados a buscar respuestas, que quisiéramos sean “la verdad” de cada hecho, pero los intereses detrás de cada situación nos trascienden y lanzan sus propias versiones de lo ocurrido, limitándose  a elegir en qué versión creer.

En esta era de la “post verdad” instaurada y que vino aparentemente para quedarse, así como la masividad y el descontrol de las redes sociales, somos “libres” de optar en que creer, solo eso. La política como una de las formas de convivencia que hemos establecido utiliza esta situación a su favor, dando crédito a una versión oficial y otra de la oposición. Entre esas dos “verdades” estamos.  

Nos resta, a los simples mortales, deshilvanar el complejo tejido de informaciones y dilucidar (siempre a medias) la verdad, trolls e intereses de por medio. Después de todo, “en algo debemos creer”. Es importante que madure en nosotros la conciencia de este estado de situación y que con ella no aprendamos el discurso que nos quieren hacer aprender para simplemente reiterar. Nuestro aporte a la sociedad viene de la mano con este compromiso, el de asumir la responsabilidad de lo que hacemos y en qué creemos.