Analizaron el peligro de los agroquímicos para los aplicadores

Investigadores de la Universidad de Buenos Aires advirtieron que la población rural se encuentra expuesta a los plaguicidas que se utilizan en las actividades productivas agrícolas, que contaminan el ambiente y a los seres que lo habitan.
En una jornada realizada en la Facultad de Agronomía de la UBA, señalaron los graves riesgos para la salud y el ambiente, asociados al uso inadecuado de estos productos. Además, presentaron una investigación en la Región Pampeana, donde detectaron plaguicidas en la sangre de un grupo de personas expuestas, con niveles de hasta 25 veces los valores de referencia.
Para los expositores es preocupante el nivel de información que se brinda a la población y a los usuarios sobre el impacto de los agroquímicos sobre el ambiente. En este sentido, coincidieron en el rol fundamental de la educación, especialmente la universitaria, en la formación de profesionales que encaren este problema desde un punto de vista amplio y multidisciplinario, buscando soluciones alternativas a la aplicación intensiva y extensiva de químicos en el agro.
“Hoy, la situación de exposición a plaguicidas de los trabajadores rurales sigue siendo alarmante”, dijo Lilian Corra, directora de la carrera de Médico Especialista en Salud y Ambiente de la Facultad de Medicina de la UBA.
Corra marcó que la familia rural, a veces de manera importante, está expuesta agroquímicos en forma permanente, ya sea de manera directa por su trabajo, por el manejo inadecuado de los químicos y sus envases, o por los alimentos, así como por el contacto con suelo, agua o aire contaminados.
“Muchas veces están desprotegidos porque desconocen los riesgos asociados para la salud y el ambiente. Además, están muy poco capacitados para manejar los equipos de protección personal o para disponer correctamente los residuos y los envases usados. La falta de acciones dirigidas a la protección y prevención es importante, y la educación e información brindada es escasa. Esto es claro cuando se observa la situación a campo de los productores rurales, en especial los medianos y pequeños”, advirtió la investigadora.
Corra, quien también es Directora de la Maestría en Difusión de Información en Salud y en Ambiente de la Facultad de Medicina (UBA) y Coordinadora del Posgrado en Salud y Ambiente del Instituto para el Desarrollo Humano de la Asociación de Médicos Municipales de ciudad de Buenos Aires, destacó una publicación que realizó junto con la Organización Panamericana de la Salud, con la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y con la Asociación Argentina de Médicos por el Medio Ambiente.
“Tiene que ver con la capacitación para manejar plaguicidas y envases. Es una herramienta educativa orientada a los docentes de escuelas agrotécnicas para que incorporen transversalmente a las materias, sin modificar sus currículos, temas relacionados con la toxicidad de los plaguicidas y con la forma de cuidarse y cuidar a los demás de la exposición tóxica”.

EL ESTUDIO

El estudio permitió concluir que tanto en las poblaciones de Bragado-Chivilcoy como en la de Pergamino se detectaron niveles de exposición reciente y crónica a los agroquímicos, de acuerdo con los niveles de inhibición en sangre de las dos enzimas. En este sentido, Villaamil profundizó su explicación: “Comparamos los niveles de ambas enzimas en dos momentos del año que difieren en la cantidad de agroquímicos que se usan: entre octubre y diciembre (aplicación intensa durante el barbecho químico) y enero-marzo (con posible aplicación de insecticidas antes de la cosecha). El 15% de las personas estudiadas presentó en sangre una exposición reciente luego de las aplicaciones. Otro 15% demostró tener una exposición crónica”.
“Cuando medimos en sangre los niveles de los plaguicidas vinculados al paquete tecnológico de la soja, vimos que la población evaluada tenía 0,25 nanogramos de endosulfán por miligramo de plasma. Si bien esta concentración es baja, es 25 veces más que nuestro nivel de referencia, que fue 0,01 nanogramos por miligramo de plasma, medido en la población que consideramos ‘no expuesta’. También detectamos esos agroquímicos en sangre, tanto en la población rural como en la urbana, aunque en concentraciones relativamente bajas”, indicó la investigadora.
Por otra parte, Villaamil resaltó que en el estudio, las muestras de agua de bebida humana, pozos y ríos de esas regiones, contuvieron agroquímicos como clorpirifós, endosulfán y cipermetrina. Sin embargo, sus valores se mantuvieron siempre debajo de los niveles guía que recomienda la OMS y que establece el Código Alimentario Argentino. En cuanto a otros agroquímicos, añadió: “En las 29 muestras que recolectamos entre 2014 y 2015 no detectamos ni glifosato ni AMPA, su principal producto de degradación. Lamentablemente, por falta del equipamiento adecuado y por problemas presupuestarios no pudimos medir ni glifosato ni AMPA en sangre u orina”.