Acuerdos para gobernar, logros para celebrar

Son varios los “logros” que Cambiemos tiene para festejar y avanzar. Camino allanado, por ahora, para un diciembre en paz.

 

Esta semana fue tan convulsionada por las negociaciones como victoriosa podríamos decir por los logros traducidos en acuerdos. Tensiones hubo, asperezas seguramente aún persisten, pero en la Provincia de Buenos Aires se aprobó el presupuesto para el próximo año, Triaca y el acuerdo con la CGT por la Reforma Laboral y el acuerdo del Presidente con los mandatarios provinciales ponen de manifiesto triunfos políticos por parte de la gestión Cambiemos, para nada desdeñables.

La gran ganadora vuelve a ser María Eugenia Vidal, con el acuerdo en la Legislatura sobre el presupuesto 2º18 y el del Fondo del Conurbano surgido a raíz de las negociaciones del poder central con los Gobernadores. En política esto se lee de esta forma y esa victoria que se convierte en histórica para la provincia de Buenos Aires, implica una página significativa para esa jurisdicción.

Del encuentro del Ministro de Trabajo con los representantes sindicales ninguno de los actores quiso dejar trascender detalles sobre el acuerdo al que arribaran. Muchos temas por “pulir” como el banco de horas, la reforma tributaria que afectaría los intereses de los sindicatos, ya que golpearía a los aportes patronales, principal fuente de financiamiento de los mismos.

Se conoció, a través de un Comunicado de la Cartera de Trabajo, que la intención era arribar a consensos y por ello abrieron el diálogo a los distintos sectores, ahora se espera que se envié el proyecto de “ordenamiento laboral” al Congreso para su debido tratamiento. Allí se dará el otro tramo de la discusión y el desmenuzamiento de lo que dice la letra de la propuesta.

Mientras, el Presidente Mauricio Macri logró acordar el pacto fiscal con los gobernadores, así como el reparto del Fondo del Conurbano. Una de las cuestiones que reviste más discusión y uno puede colocarse, de nuevo, a un lado u otro de la “grieta” es la reforma previsional. Algunos la ven claramente como un retroceso, en función de que si se modifica la fórmula de actualización vigente, como está estipulado, indican que las jubilaciones perderían cerca del 1o% de lo que actualmente se percibe. Por su parte, el Gobierno expresa, en palabras del Ministro de Finanzas: “Lo que nosotros estamos implementando es un sistema equivalente al que existe en todo el mundo que tiende a preservar el valor real de las jubilaciones, y ese es nuestro objetivo”. Bajo la noción que sostienen desde el Gobierno Nacional que con el actual sistema de movilidad jubilatoria -puesto en práctica cuando no había datos creíbles de inflación- no se preservaba el valor real de las jubilaciones porque “en años en los que se acelera la inflación, las jubilaciones caían”.

Se especula que en los años de crecimiento, las jubilaciones no crecerán tanto, pero en los años recesivos tampoco perderán frente a la inflación. Cómo traducirlo y llevar algo de certidumbre y mejores perspectivas a un sector social muchas veces postergado. Aparentemente el acuerdo contempla garantizar que las jubilaciones sean de al menos el 82% del salario mínimo vital y móvil para aquellos que hayan alcanzado los 30 años de aportes y que el Tesoro Nacional cubra el déficit de las cajas previsionales no transferidas.

El paquete de medidas de las distintas reformas implica un entramado muy complejo de sumas y restas, donde (hay que decirlo) es evidente que es necesario “ajustar las cuentas” pero existe cierta sensación de que quienes “pagan” son siempre los sectores más vulnerables.

En un país que tiene muchos debates abiertos y deudas (sociales) pendientes la “ola amarilla” hace sentir su peso y logra esquivar los embates (como las denuncias a funcionarios en ejercicio vigente relacionados/involucrados en los “Paradise papers”)  gracias a la falta de una oposición más fuerte, unida, mejor organizada, que parece seducida a acompañar y esperar, como lo hacemos todos los argentinos, que el “cambio” traiga verdaderos beneficios para todos y no solo a unos pocos.

A un paso de diciembre, por ahora parece estar todo controlado, el Gobierno celebra, con cierto mérito y total pertinencia,  la casa “va poniéndose en orden”.